Pluma creativa

SOBRE ELLA, LA LUZ Y EL MAR

No acostumbro a acariciar la literatura desde un teclado, sino más bien desde mis ojos, o incluso, desde mis oídos. Hago canciones. Lo que escribo, se canta. Y mis canciones, al menos las escritas en los últimos catorce meses, hablan siempre de una persona en específico: ella en el exilio, ella en mi cama, ella brillando, ella escribiendo, ella siendo ella y no siendo el resto del mundo, ella mil veces. Sería el colmo que, en lo que creo, es mi primer intento de un texto, que posiblemente sea publicado en una web nueva, hablase de ella, o algo que se relacione. Pues, así será.

Antes de conocernos, no nos gustaba la playa. Nos resultaba calurosa, pegostosa, llena de gente que no queríamos ver, y no hablemos de la arena que te llevas a la cama, al suelo de tu baño, a la ropa interior, a los testículos (arena en las bolas es lo peor). Pero un día, así como si nada, fuimos a la playa. Si mal no recuerdo estábamos buscando una excusa para tomar tinto de verano. Sólo buscamos un sitio en donde hiciera calor y una solución rápida para éste.

Ese día, despertarse temprano era emocionante. Nos preparamos para salir, y al llegar, la playa era distinta, o ¿nosotros éramos distintos? lo interesante es, que no había calor (o quizás sí, pero no lo recuerdo. Es que tenía un traje de baño y no paraba de verle las tetas), tampoco había tanta gente, o quizás sí (no lo recuerdo mucho, porque sonaba una canción de Luz Verde y la cantábamos).

Cuando ya estábamos en casa de nuevo, la playa nos había puesto salados (lo sé porque la probé en mi lengua) teníamos la piel impregnada de rayos solares y un aspecto parecido al que se tiene luego de tener sexo. Ese rubor, esa sangre más cercana de la piel que atrae tanto. No sabíamos de estos beneficios de ir a la playa.

En las próximas visitas, la playa se convirtió en terapia.

Una noche, hace varios meses, queríamos gritar, asesinar, golpear, llorar, y todos esos impulsos que causa la frustración. No viene al caso ahondar en la causa. La cuestión está en que, esa noche, fuimos a la playa. No habíamos ido de noche. Tenía una hermosura distinta, y hasta ella tenía una piel distinta: era gentil y fría. Allí mismo tiramos piedras al mar. Las piedras se llevaron las penas y las lágrimas. Eran piedras a las que estábamos anudados. Nos soltamos de ellas, y como globos de helio, volamos juntos.

Nos fuimos a dormir, y me regaló sus palabras que luego respondí.

UN PAR DE ESCRITOS

Acá dejaré las cartas, copiadas textualmente. En ellas, creo yo, resumimos lo que de repente, significó para nosotros el mar. O mejor aún: cuánto cambian las cosas cuando estas acompañado de la persona correcta.

Ella a mí – 01/04/2013 – Vía whatsapp

Ésta noche la recuerdo así: hundiendo los zapatos en la arena, mirando sus pisadas, con más peso, junto a él. Viendo las huellas que se marcan en el punto exacto entre el desconsuelo y la locura. Ésta noche él me miró con ojos tristes, y yo lo miré con la desesperanza que pone en evidencia a cualquier desdichado.

Aun así, fue un sueño tenerlo, y juntos, poder autorizar al viento para secar lágrimas. Conceder a la luz que se refleja cada tres olas, el dominio de esa nostalgia. Permitirle a él tomar el timón de éste velero y navegar en un mar sin calma.

Lo hace muy bien. Cielo oscuro, granos de arena en mis zapatillas, guindarme a su cuello después de gritarle a la nada. Al sonido del agua cuando caen los objetos que arrojamos allí. Todo un paisaje para sólo revivir en su sonrisa. Enfrentarse a la realidad con sus ojos y la fuerza con la que me atrapó en su pecho, fueron el argumento perfecto para arrimar este desánimo, al peldaño más olvidado de mi escalera. Para decirle a él, ésta vez conduce para siempre, conduce hacia el futuro, que ésta noche yo gano tan sólo por tenerte.

Yo a ella – 02/04/2013 – Vía Whatsapp

Ayer ganabas sólo con tenerme, escribiste. Yo gano sólo con leerte, escucharte, saber que estas ahí.

Puede que despierte hoy con un pecho sin corazón ni caja toráxica, con un miedo como quien sabe que va a una cámara de gas en la segunda guerra mundial. Pero tu pequeña llama, esa poca luz de tus te amos en caracteres, o el poco aire que me raciona la vida cuando escucho tu voz. Esa poca luz, me hace soportar todas las horas de oscuridad que sean necesarias. Es como si ella, tu luz, me dice que siempre amanecerá.

Amanece conmigo con los ojos cerrados, sin ropa, sin horas, sin cuentas que saldar, y en ese momento, la luz será cegadora y hermosa.

Nelson Castro

@Nelsonfux 

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2 pensamientos en “SOBRE ELLA, LA LUZ Y EL MAR

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