Curiosidades

El caminante inmóvil

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Un hombre tirado en la nieve. Muerto. Su sombrero a unos metros de él, completamente huérfano. Con el cuerpo boca-arriba y los ojos abiertos, mira el cielo. Incluso, ahí acostado sobre el lecho blanco y pulcro del frío invierno suizo, parece escuchar atento cómo la Naturaleza admira, absorta y respetuosa, casi con fervor, su muerte. Podríamos creer que Robert Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de1878- † cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de1956) logró, no sólo pronosticar su muerte, sino planificar el contexto, la escenificación de la misma:

“(…) con que nobleza ha elegido su tumba. Yace en medio de espléndidos abetos verdes, cubiertos por la nieve. No quiero avisar a nadie. La naturaleza se inclina a contemplar a su muerto, las estrellas cantan dulcemente en torno a su cabeza y las aves nocturnas graznan. Es la mejor música para alguien que no tiene oído ni sensaciones”.
Los hermanos Tanner.

La vida de Robert Walser estuvo llena de lugares poco comunes, erigiéndose él mismo como la principal excentricidad. Su trabajo como escritor estuvo fuertemente condicionado por la enfermedad, la pobreza y la soledad. Deja de escribir estando cerca de los 50 años, se aleja por completo de la vida literaria (en la cual, por cierto, no recogió ningún éxito comercial), para refugiarse durante las tres décadas (27 años) siguientes en los sanatorios mentales de Waldau y Herisau (Suiza). Sin embargo, el diagnóstico sobre su trastorno mental es ambiguo e incierto. Unos apoyan la tesis de que era esquizofrénico pero de todos los síntomas que constituyen esta enfermedad psicológica, el sólo presentó alucinaciones, la mayoría de las veces siendo estas sólo de carácter auditivo. Otros argumentan que Walser padecía del Síndrome de Asperger, ya que desde temprana edad se podían percibir ciertos comportamientos propios del síndrome (retraimiento, ausencia de amistades, profunda incapacidad para establecer relaciones interpersonales con iguales, ausencia de reciprocidad emocional y social, etc). Sea como fuere, es indudable que en Walser se cumplen, como una sentencia o una profecía indulgente, las palabras de André Gide, cuando afirma que: “(…) creo que las enfermedades son llaves que nos pueden abrir puertas. Hay un estado de buena salud que no nos permite comprenderlo todo, de alguna manera las enfermedades pueden favorecer las actividades creativas”. Hacemos hincapié en esto por el particular estilo literario de Robert Walser, en los personajes casi anónimos y fugaces, la falta de hogar, lo provisional de sus existencias, son parte de su temática. La existencia humana, en la visión de Walser, consiste en una total superficialidad (Robert Walser: La influencia de su enfermedad en su creación literaria, M. Miranda et al. Revista Médica de Chile, 2010). Pero más que superficialidad, es transitoriedad, disolución, desaparecimiento. Todos los personajes que salen de Walser, resumen las mismas actitudes que él derrochó en vida. A pesar de que estudió para mayordomo, desempeñó por muy poco tiempo esta tarea. Luego, por unos años, fue bibliotecario pero su inconsistencia laboral era acentuada y lo mantenía en una ininterrumpida pobreza que lo agobiaba constantemente. Incomprendido y fracasado, Walser fue un nómada vocacional. Entre las ciudades en las que vivió podemos mencionar Basilea, Zurich, Viena, Stuttgart, Munich, Berlín, Ginebra y Berna. Catorce domicilios conocidos únicamente en la última ciudad por la que pasó. Jamás pudo establecerse en algún lugar, excepto en los sanatorios. Nunca fue dueño de una casa ni habitó en residencia propia, no tuvo muebles, ni tampoco poseía libros, su ropa era escasa pero limpia y en buen estado. Todas sus posesiones cabían en un solo equipaje. Parecía que se quisiera aislar tanto de las personas como de las cosas, mutilar todo contacto, todo apego, cualquier suceso que lo atara invariablemente al mundo. Referente a sus pertenencias, escribió: “Una maleta es toda tu casa en este mundo”.

Tomando en cuenta estas evidencias y características de la vida de Robert Walser, más que un hombre con alguna enfermedad o trastorno mental, se nos dibuja el carácter de una persona sabia que tuvo el valor y la entereza espiritual para apearse de la vida.

Por Victor Alejandro Burgos
@victoralejo_

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