Cazadores de libros

Luis Yslas Prado

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Licenciado en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello (1995). Editor de la Cooperativa Editorial Lugar Común. Se ha desempeñado como docente de literatura en varios colegios y universidades de Caracas. Sus artículos, reseñas y ensayos literarios han sido publicados en El Salmón-Revista de Poesía, Papel Literario de El Nacional, País Portátil, Prodavinci, entre otras publicaciones impresas y digitales.

 ¿Qué libros te convirtieron en lector?

En el principio no fue un libro, sino un balón. Cuando tenía cinco años, mi padre dibujó sobre mi pelota de fútbol las letras del abecedario para que aprendiera a leer con facilidad. Así que mi primera cartilla resultó una esférica que podía patear y deletrear a mi antojo. Años después llegarían las historietas de Mickey, de Superman, de Archie, de Memín Pinguín, de Condorito, de Mafalda. En bachillerato, mis lecturas, que ya eran pocas, se redujeron a niveles alarmantes, casi vergonzosos, aunque de esa época debo rescatar dos novelas que recuerdo como libros iniciáticos: El túnel de Ernesto Sábato y Piedra de mar de Francisco Massiani.

¿Qué recuerdos mantienes sobre los libros que te acompañaron en tu niñez?

Leí muy pocos libros durante mi niñez. Prefería las historietas, la televisión, el cine. Y el fútbol, por supuesto. Pero sí recuerdo haberme detenido en algunas novelas de Agatha Christie, que mi madre leía con devoción. Entendía muy poco, la verdad, pero me intrigaban esas historias de crímenes en las que Poirot y Miss Marple destacaban como maestros en el arte de hallar culpables. Quizá mis primeros modelos de lector fueron esos dos personajes cuyo oficio detectivesco es ya una metáfora de la lectura.

Tres libros que formen parte de tu biblioteca y cómo los obtuviste.

Uno que releo con frecuencia, por su inagotable lucidez en materia literaria, es Seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino, traducido por Aurora Bernárdez. Lo compré hace ya varios años en los libreros de las Fuerzas Armadas, a un precio irrisorio. Fue una de esas revelaciones que no cesan de acompañar y enseñar. Otro libro entrañable que me hizo soltar las carcajadas más sonoras que oírse puedan en autobuses y vagones de metro, me lo regaló un tío que aprecio mucho. Se trata de La vida exagerada de Martín Romaña de Alfredo Bryce Echenique. Luego de leer esa novela he querido creer que todos los disparates y torpezas que he cometido –y seguiré cometiendo– en mi vida, son un sentido homenaje a su protagonista: un modelo de exageración sentimental que oscila entre la ternura y la huachafería. Y el tercero es la poesía reunida de Fabio Morábito, La ola que regresa, que compré el año pasado en la FIL de Guadalajara. En esos poemas, su autor ha sabido iluminar el aura de las cosas cotidianas con palabras cuya compasión, ironía y nostalgia vehiculizan el saber y la belleza.

Son tres libros que difícilmente prestaría.

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¿Cada cuánto te dedicas a ellos?

Supongo que te refieres a los libros de mi biblioteca, a la lectura en general, ¿no? Trabajo como editor y profesor de literatura, de manera que leer forma parte de mis rutinas diarias. La lectura ocupa mis horas laborables, mi tiempo de descanso y de placer, de compañía y soledad. Los libros forman parte del negocio y del ocio de mis días. Y sin embargo, nunca hay tiempo para leer todo lo que se quiere, porque uno siempre quiere más.

¿Alguna manía, como doblar las esquinas de los libros?

Prefiero los marcalibros a doblar las páginas. Pero sí subrayo a lápiz aquellas frases a las que pretendo volver. A veces remarcar es una forma de aplaudir en silencio, de hacerle el trabajo más fácil a la memoria, y también, un modesto gesto de agradecimiento: marcar aquello que nos marcó.

¿Qué opinas de la frase La literatura crea conciencia”?

Es cierta, si pensamos que la literatura es capaz de crear cualquier cosa, incluso la inconsciencia. Pero entiendo que la literatura en particular, y el arte en general, actúan, sobre todo, como despertadores de conciencias, es decir, de pensamiento crítico y sensible. Aunque sabemos también que no a todos les agrada el sonido del despertador.

Los libros siempre están diciendo algo, así estén cerrados. ¿Alguna frase que te haya marcado y a qué libro o autor pertenece?

Son tantas que entre todas sumarían varios volúmenes. Empiezo por una extraída de la novela El libro de Esther de Juan Carlos Méndez Guédez: “Para proteger aquello que nos hace felices apenas debemos nombrarlo”. Otra, de La inquietud de Alberto Barrera Tyszka: “Nadie intenta la belleza y queda intacto”. Ésta de Entre paréntesis, un libro de ensayos, artículos y discursos de Roberto Bolaño: “Sólo los grandes desafíos pueden compensar el esfuerzo de embalar y trasladar toda una biblioteca”. Una más, de El libro salvaje, de Juan Villoro: “Un lector prínceps no es el que lee más libros sino el que encuentra más cosas en lo que lee”. Y ya, mejor no sigo, pues como dice Gabriel Zaid, “citar es una forma pedante de callar”.

¿Cómo contribuye la lectura a tanta desestabilización en el país?

No creo que la lectura contribuya a la desestabilización del país. Más bien la desestabilización del país ha llevado a muchas personas a buscar respuestas (o a afilar preguntas) en la lectura. Claro que hay libros que nos desestabilizan, es decir, remueven lo que estaba en calma, o lo que no había sido descubierto dentro de nosotros. Ese estremecimiento, en cierta medida, resulta iluminador. Puede provocar, incluso, un cambio de piel, un crecimiento, un aprendizaje sobre los otros que nos rodean pero también sobre esos otros que llevamos dentro en calidad de voces disímiles. En todo caso, lo que me parece más grave para cualquier sociedad no es tanto la falta de lectura, sino la pésima lectura. La lectura condicionada, dogmática, cerrada. Aquella que concibe los libros como estanques ideológicos y no como puentes hacia las diferencias culturales. Es más peligroso un lector fanático que alguien que no lea. La Biblia, El Capital o el Manual del Guerrero leídos por gente obsesa y con poder, pueden desatar todas las calamidades posibles. El arte de leer consiste en aprender a convivir con las diferencias –intelectuales, sentimentales, imaginarias–; de lo contrario, la mala lectura desemboca casi siempre en una concepción limitada de la realidad, de la humanidad. En un mecanismo de manipulación y opresión. Quien lee un libro como quien observa un lago petrificado del lenguaje, ya sólo podrá imponer esa lectura como una orden irrebatible, como un manual de instrucciones, como un dictado. Quizá un lector fanático es sólo eso, alguien que dicta: un dictador.

¿Si fueses un libro cuál serías?

No sabría decirte cuál libro sería, pero sí de cuál provengo. Mis padres se conocieron leyendo Los miserables de Víctor Hugo en una pensión del Perú. Me gustaría creer que soy también esas páginas, esa historia que, por transmutaciones de la lectura, entreveró el romanticismo francés del siglo XIX con el romanticismo limeño de mis padres. Sí, podría ser Los miserables, pero en edición de bolsillo.

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 ¿Qué estás leyendo actualmente?

Hace unas semanas estaba cenando en casa de una amiga muy querida, que es además una lectora aguda y sensible. Le pregunté cuál era el libro de su biblioteca que no le prestaría a nadie. Se levantó de la silla, se dirigió a uno de los estantes, tomó uno de los libros y me dijo: “Éste: El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy”. Yo había oído hablar muy bien de esa novela. La tomé entre mis manos, leí la contratapa y cuando quise devolvérsela, me dijo: “Te la presto”. Estoy ahora en ese libro.

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Fotografías en Librería Lugar Común cortesía: Carlos Ancheta

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4 pensamientos en “Luis Yslas Prado

  1. interesante y tierna la entrevista, no se limita a las letras, sino la vida que encontró en ellas..sin dejar de lado su humor negro…”edición de bolsillo”..jejejeje…

  2. Saludos profesor, tuve la suerte de ser su alumno en el ITER, en el año 2000 ó 2001, cuando fui seminarista. Lo recuerdo con gran aprecio porque usted siempre nos decía que leyeramos buenos libros. También recuerdo que en una ocasión nos mandó a realizar un resumen analítico de la película “La vida es bella”. De igual manera, nos dio excelentes consejos sobre los estudios, que hoy en día estoy poniendo en práctica.

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