Curiosidades

‘Sobre la Historia Natural de la Destrucción’ de W. G. Sebald

El aparente vagar sin rumbo de millones de personas sin hogar en medio de aquella inmensa devastación era un espectáculo horrible, profundamente inquietante”.

 

Winfried Georg Maximilian Sebald

Wertach im Allgäu, Baviera, 18 de mayo de 1944 – 14 de diciembre de 2001, Norfolk, Reino Unido.

Escritor y profesor alemán.

       El espanto. Seiscientos mil civiles alemanes murieron durante los bombardeos de los aliados y siete millones y medio quedaron sin hogar. Miles de toneladas de bombas y cientos de ataques aéreos llevados a cabo principalmente por Gran Bretaña (a partir de 1939) y Estados Unidos (en 1943), que en primer lugar estaban dirigidos a puntos con cierta relevancia estratégica y estructuras militares o edificios oficiales. Luego, en 1941, los británicos deciden empezar a bombardear los hogares, zonas residenciales e industriales de las ciudades alemanas con el propósito “… de romper la moral de la población haciendo las ciudades físicamente inhabitables y sumir a la población en una sensación de peligro constante”. En 1943, los Estados Unidos refuerza los ataques. El resultado de esta nueva estrategia fue devastador para la población civil de Alemania, la cual sufrió la mayor devastación en toda su Historia como nación.

Este tema, que fue solapado históricamente por un sentimiento automático y semiconsciente de culpa, ha sido apenas discutido por los historiadores y escritores alemanes. En el mejor de los casos, se pueden encontrar anécdotas tergiversadas por desasosiegos familiares, epístolas fuera de todo contexto y notas o artículos que tratan el asunto con una suavidad y prudencia propia de la autocensura y del celo de que toda argumentación sea tildada como revisionismo histórico con visos políticos. Como lo dijo Sebald, “los alemanes asistieron con muda fascinación al desarrollo de su propia destrucción”. Sin querer pero tal vez proponiéndoselo secretamente, el pueblo alemán se impuso el tácito tabú de no hablar y dejar olvidar ese oscuro trance. Sebald menciona que, esa capacidad que tiene el ser humano de “olvidar lo que no quiere saber, de no ver lo que tiene delante…” jamás se puso tan a prueba como con el pueblo germano afectado por los ataques aéreos de los aliados dentro su territorio.

Sebald, en éste su último libro, muestra una indiscreta visión que comprende el comportamiento de quienes fueron las víctimas de una de las estrategias militares más polémica y atroz que ha visto nuestra Historia, la reacción –que en realidad consiste en una no-reacción– por parte de quienes, dentro una sociedad, están obligados a ejercer y construir la memoria colectiva, el estupor que los silenció de tal manera que parecen los guardianes de un secreto indecible. Una generación de escritores que durante la literatura de la posguerra prefirió callar y hacerse a un lado, por rencor hacia el vencedor, vergüenza o simplemente la incapacidad de reconocer el propio dolor.

La primera parte de este libro consiste en un largo y denso ensayo histórico, descripciones demoledoras y datos espeluznantes sobre la destrucción de Hamburgo, el fuego, las llamas de 2.000 metros de alturas sobre las ciudades-infiernos, los cadáveres calcinados y un espantoso retrato de la destrucción del zoológico de Berlín. Imágenes que, sin duda, muestran la capacidad exterminadora del Hombre moderno, sus armas y la fragilidad que, por otro lado, nos ha condicionado durante los mismos inicios de nuestra civilización.

La segunda parte consiste en un análisis del escritor Alfred Andersch, considerado por Sebald como uno de los escritores más característicos de esa época de silencio, de conformismos, y oportunismos, ese tiempo en el que los propios alemanes le dieron la espalda a su historia e identidad por un futuro sin fundamentos, sin reconsideraciones y reflexiones sobre los hechos sucedidos durante la guerra.

Es imposible negar que Sobre la Historia Natural de la Destrucción es un libro revelador al mostrar ese lado invisible de la Historia del pueblo alemán, hechos que ignoramos, de culpas que tal vez, por un erróneo concepto de condescendencia, no han sido denunciadas o, al menos reclamadas.

Por Victor Alejandro Burgos

@victoralejo_

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