Pluma creativa

El emperador Veneno

El emperador veneno se le celebraba por tres hazañas descaradas.

El emperador veneno había bebido ciento diez copas envenenadas

El emperador veneno había comido doscientas cuatro platos envenenados.

El emperador veneno había recibido trescientos cortes de filos envenenados.

Pero el emperador no había caído

Y ahora no hay veneno hecho por el hombre que él no olfateara, probara, sintiera.

El emperador veneno gobierna sobre los que no sueñan

El emperador veneno gobierna sobre los que mienten

El emperador veneno gobierna sobre los que tientan

Pero su reino era justo, porque él cargaba con los pecados.

Y los pecados morían junto con cada bocado y sorbo del veneno.

El imperio era feliz, el emperador veneno cargaba con sus males.

El emperador los dejaba sólo con la felicidad.

Pero llegó el funesto día

El emperador veneno conoció a la doncella inocencia.

Y en su desconcierto, no entendió.

Y en su desconcierto, se enamoró

Entonces el emperador veneno la buscó.

Y finalmente a las quinientas noches ella le otorgó un beso.

Y murio, murio presa del veneno que el emperador veneno era.

Murió con sus mentiras, veneno de sus labios.

Murió con sus pensamientos, veneno de su olvido.

Y finalmente, fue el veneno de la inocencia, el que el emperador veneno no soportó

Finalmente, la venenosa inocencia lo mató, y el emperador veneno falleció.

Larga vida al emperador veneno, aquel, que en su reino jamás conoció otra cosa mas que veneno.

Por Johann Sebastian Toirac.

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