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Consejos para un joven escritor

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El día a día, su caos, su idiotez constante, el periódico, la rutina, la malacostumbre de postergar a la musa, se esquiva como hoy en día huimos del peligro, de las sombras en los callejones, del ruido de una moto, de los medios de transporte y del desconocido. La excluimos de nuestro plan diario, le gritamos con señales que no vuelva en un buen lapso de tiempo, y luego a quejarnos de la ciudad monstruosa y su noche sin fin, desprovista de imaginación y por ende, de musa.

Lo cierto es que ella siempre vuelve y aniquila la rutina, ¿pero qué tal si aprendemos de los sabios? De aquellos quienes no la postergaron y hoy en día son vistos como héroes literarios, o expresado en una sola palabra, escritores. Tras la búsqueda exhaustiva de autores que decidieron compartir desde su intimidad sus secretos de escritura, hice una pequeña lista agrupando los consejos, o como dice Cortázar, puntos de vista de escritores como Horacio Quiroga, Ray Bradbury y Anton Chéjov.

-Según Julio Cortázar no existen leyes para escribir un cuento, a lo sumo puntos de vista. “Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”. (Algunos aspectos del cuento -Julio Cortázar)

-Para Horacio Quiroga en su Decálogo del perfecto cuentista es imprescindible seguir a alguien. “Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo”, (Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista).

-Agrega además su opinión sobre imitar, “Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia”. (Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista).

-No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas. (Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista).

-No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo. (Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista).

-Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea. (Horacio Quiroga, Decálogo del perfecto cuentista).

-Recuerda hacer que tus lectores se conecten con algún personaje, “Dale al lector al menos un personaje con el que él o ella se pueda identificar”. (Kurt Vonnegut).

-Cada frase debe hacer una de estas dos cosas: revelar un personaje o hacer que la acción avance. (Kurt Vonnegut).

-Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre. (Augusto Monterroso, decálogo del escritor)

Ocupa tu mente. Para acumular los bloques intelectuales de estas metáforas, Bradbury sugería una serie de lecturas nocturnas: un cuento, un poema (pero Pope, Shakespeare y Frost, no la “basura” moderna) y un ensayo. Los ensayos pueden ser de una diversidad de campos, incluyendo arqueología, zoología, biología, filosofía, política y literatura. “Al final de mil noches, ¡Dios!, ¡Estarás lleno de cosas!” (Ray Bradbury para los jóvenes escritores)

-Enlista 10 cosas que amas y 10 cosas que odias. Luego escribe sobre las primeras y “mata” las segundas —también escribiendo sobre ellas. Haz lo mismo con tus miedos. (Ray Bradbury)

-Mostrar los detalles de forma indirecta, evitando los clichés y las obviedades: “No me digas que brilla la luna; enséñame un reflejo de luz en un cristal roto”. Anton Chéjov

Yo le agrego a todas estas llevar contigo una pequeña libreta que sea capaz de escabullirse en tu bolso, cartera o hasta bolsillo, en la que puedas vaciar ese montón de pensamientos que nos acechan cuando caminamos una calle, esperamos en el banco, asistimos a un concierto, entre otras cosas, y al llegar a casa dale forma y unifica. Después de todo, la musa siempre debe encontrarte con un lápiz en la mano.

Por Eu Medina

@Eumedina

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