¡A escribir!

Ella, Drácula: Erzsébet Báthory de Javier García Sánchez

A escribir II

A la hora de escribir esta reseña no sé si empezar por el libro o por el personaje del que trata el libro. Es difícil. Primero, porque el personaje, Erzsébet Báthory, es una figura histórica, polémica y misteriosa, y sobre ella se ha escrito mucho; sobran las interpretaciones sobre su vida y el momento de la Historia en el cual le tocó vivir. Así que nos encontramos con que no hay un punto de vista único y ni tampoco una sola verdad sino, en contrario, acusaciones y defensas sobre una mujer en la que recaen crímenes atroces, una crueldad ilimitada y mucha sangre. Y segundo, por la misma estructura del libro que, en su mayoría, no tiene buena acogida entre el lector promedio porque su propio lenguaje es bastante complicado. Detallista y complejo, narra vívidamente una historia de horrores que por otro lado, muchos académicos e historiadores se permiten cuestionar y esgrimen sus dudas. Y esto sucede principalmente porque el contexto político y geográfico en los que se desarrolló la vida de Erzsébet Báthory son enrevesados y para nada simples.

Nos encontramos en Hungría, en el año 1560. En esta época el país estaba parcialmente ocupado por los turcos y las revueltas en Transilvania, donde nace Erzsébet Báthory, son incesantes ya que se trata de una de las zonas más convulsionadas por las batallas y las incursiones de ambos bandos. Viene al mundo como aristócrata húngara y perteneciente a una de las familias con más poder económico, militar y político en ese país. A sus escasos once años, en 1571, es prometida a su primo Ferenc Nádasdy de dieciséis años y que ostenta ya el título de Conde de Bratislava. En 1575 se casa con él. Ella tiene ahora quince años y Ferenc, veinte. En 1598 el matrimonio ya tenía dos hijas: Ana (1585), Úrsula (1586) y un hijo, Pablo (1598). En 1604 muere el Conde de Bratislava, esposo de Erzsébet Báthory, también conocido como ‘El Caballero Negro de Hungría’, por la costumbre de empalar vivos a sus enemigos en el campo de batalla. Erzsébet Báthory, viuda y de cuarenta y cuatro años de edad (suficientes para que en aquél tiempo se le considerara una mujer que está llegando a ser anciana), señora feudal de un considerable distrito de Transilvania, procede a despedir a toda su familia del castillo quedándose con unas pocas sirvientas y un personal de confianza conformado por Dorkó, Jó Ilona, Fickzó y Kata, una sirviente atormentada pero complaciente con su ama.

Muchos consideran que fue a partir de este momento en el  Erzsébet Báthory empieza a cometer sus crímenes. En el libro reseñado, se deja entrever que antes tuvo unas tímidas pero entusiastas incursiones donde la crueldad hacia las personas que las servían y ciertas travesuras implacables contra primos y otras personas, dejaban ver un espíritu ciego a su propia maldad. La misma curiosidad infantil parecía una criatura deforme y mal intencionada que fue capaz de enterrar vivo a un polluelo a ver si su cuerpo se comportaba igual que la semilla de un árbol.

Nunca sabremos con absoluta certeza si todas las matanzas horrendas y crímenes sanguinarios que se le atribuyen son ciertos (aunque hubo pruebas y testimonios presenciales de sus crímenes, nunca  fue procesada judicialmente por su condición de noble, sin embargo se le condenó al aislamiento de por vida, en una habitación de su castillo, donde una vez adentro, todas las salidas fueron tapiadas con bloques y argamasa, dejando apenas una pequeña rendija por donde pasar un plato con las tres comidas escuetas del día y un poco de luz y aire; en estás espantosas condiciones, la condesa vivió durante cuatro años enteros antes de perecer), y es prudente señalar que quien descubrió y proporcionó algunas de las dichas pruebas fue su primo y enemigo político, el conde palatino, Jorge Thurzó.

Este libro es una intrigante lectura, sin lugar a dudas. La vida y obra de un personaje histórico que navega entre la leyenda y la realidad sobre una barcaza construida con los 630 cuerpos de mujeres jóvenes, muchas de ellas vírgenes, torturadas, desmembradas y desangradas en los calabozos fríos del castillo de Csejthe.

Por Victor Alejandro Burgos

@victoralejo

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