Curiosidades

Recuerdos de una Draisiana

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Nota: En Vashon Island en Washington se encontró una bicicleta que había sido engullida por un árbol, la bicicleta fue encadenada al árbol en los años 50 y con el pasar del tiempo, el árbol creció y se consumió a la bicicleta. La historia verdadera es simple, un niño dejó su bicicleta y no regresó. Pero ‘La bicicleta en el árbol’ dio paso a miles de historias urbanas y una decía que un niño había dejado la bicicleta amarrada en 1914, se fue a la guerra y no volvió. La anécdota me pareció tan hermosa que quise desarrollar la historia. Espero disfruten. 

          “America here’s my boy”

Todo empezó en Sarajevo, Bosnia. Siempre me pregunté por qué lo llamaban La Crisis De Julio si todo empezó en Junio, al final del mes, sí, pero es que no entiendo cómo podemos menoscabar días, así sea un par de días. El tiempo siempre ha sido nuestro problema y para estas cosas parece ser insignificante, y cuando digo ‘estas cosas’ me refiero al poder, no a la guerra. El punto siempre es el poder en todo lo que nos rodea. La guerra es solo una excusa más.

Nunca olvido el año, era 1914, lo recuerdo porque fue la primera vez que Babe Ruth jugó con los Medias Rojas de Boston. Todos en la familia fuimos a ver el partido, quien pensaría que Babe se convertiría en el mejor de los mejores. Papá había comprado gorras y una cantidad de juguetes que hacían ruido, fue mi primer partido de beisbol, nunca lo olvidaré. Pero ahora que lo pienso, puedo recordar cómo había una mirada tensa y preocupada entre mis padres, como se abrazaban como buscando reconfortarse mutuamente. Yo era muy joven y la emoción de ver un partido de los Medias Rojas se llevaba toda mi atención, pero ahora recuerdo, lo entiendo todo. La guerra estaba por comenzar.

Para 1917 la vida en América ya era diferente. Recuerdo estar manejando la bicicleta que papá me había regalado de cumpleaños, había un campo cerca de casa llena de arboles y ardillas, me gustaba perseguirlas en la bicicleta, nunca le dije a Papá que era muy pequeña para mí, pensaba que lo haría sentir mal, así que no importaba los raspones que se me formaban en la rodilla por el roce con el manubrio, al final, esa bicicleta era mi único amigo.

Creo que era Abril, no había pasado mucho de mi cumpleaños así que debía ser Abril, cuando papá me gritó que entrará a casa, decía que debíamos hablar de algo importante y como a mamá no le gustaba que entrará con la bicicleta, la encadené a un árbol cercano y me fui corriendo.

Europa. Frente 1, tropa 2. Infantería. Mi nombre ahora sería Doughboy.

–          “laufmaschine”

Ya no cuento los días. Soy una Harley Davidson Modelo B del 17, original de Dayton, Ohio, que ya no cuenta los días. Fui un regalo para él y una presa para el carácter natural. La natura tiene la opción de adaptarse pero yo solo me oxido en el olvido.

Mientras los días pasaban, las casas que se podían ver alrededor iban desalojándose, quién sabe si llegaron nuevas personas, después de unos años las plantas crecieron tanto que taparon la anchura y por aquí no volvió a pasar ningún niño.

Yo quedé encadenado aquí, atrapado aquí, pero no por los eslabones sino por el olvido. Recuerdo ese día en el que quise explicarle que no era necesario, que no me iría a ningún lado, pero luego entendí que la cadena no era por mí, era por los demás niños, pero ahora ya no se qué pensar, quizás si era por mí, como un castigo por mi tamaño o mi color, a veces me preguntaba si todo esto había sido por los raspones que le dejaba en las rodillas.

Con el pasar de los años, el desamparo me mostró nacimientos y muertes, mientras algunos se marchitaban, otros nacían y poco a poco, la naturaleza me reclamaba con hambre. Cada día fui comido un poco más, un poco más y un poco más. No había qué prorrumpir, no había nada que pelear, era un recuerdo de cómo había sido abandonado.

Esperé y esperé, pero solo fui comido. Un gigante, a quien las personas también olvidaron pero que a diferencia de mí si podía crecer, me fue haciendo suyo.

Algunos días, las pocas ardillas que quedaban pasaban a olerme, quizás a burlarse, yo recordaba como las perseguíamos.

La tierra y la herrumbre me maquillaron de despedida y el hambre del gigante me fue engullendo. La guerra se lo permitió.

Por Joey Rego

@RegoJoey

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