Curiosidades

Lo invisible de América: El niño en la caja

Curiosidades 3

Escrito en Primera Persona como si fuera Elmer Palmer, el policía que encontró el niño en la caja. Palmer quedó realmente tocado por el tema y terminó pasando años en la investigación, inclusive visitaba la tumba cuando el niño fue enterrado. Tenía la esperanza de ver el caso resuelto antes de morir pero nunca lo logró. Palmer murió a los 83 años en el 2011 y el caso aún sigue abierto. Mi intención con este texto no es faltar el respeto a nadie y menos perturbar el alma de aquellos que ya no están. Esto es solo un pequeño intento de recrear de manera literaria un evento que cambió al mundo, no por algún tipo de placer enfermizo por lo sucedido, solo una inevitable fascinación por lo perdido. Quizás solo le busco un nombre al niño.

Paz para Palmer, Weinstein y para el niño en la caja.

 El término “americano” fue usado apropósito. El ego de Norteamérica me lo permite. El slogan de J.C Penney “We Know What You’re Looking For” en verdad apareció casi 20 años después del suceso pero me pareció que le daba un buen toque a la historia.

 “This happened two blocks from my home in Fox Chase.

I was eleven years old and will never forget.” Katy  – The Saturday Evening Post

 El niño en la caja

Nunca te recuperas de lo que ves en una guerra. Durante mucho tiempo pensé que en esta vida uno debía ver y vivir ciertas cosas para realmente convertirse en hombre, y después de la guerra de Corea, ya había pagado esa cuota. Nada mas podía impresionarme, o al menos eso pensaba.

El 25 de febrero de 1957 habíamos recibido una llamada en la estación, alguien reportaba una extraña caja con un muñeco adentro en la carretera de Susquehann. Recuerdo las risas de varios policías y un par de secretarias, nadie realmente quería caminar por Fox Chase, Filadelfia, con un clima húmedo y el viento provocado por una simple caja, pero como dije, yo había cumplido eso de ‘ser hombre’ y recoger una simple caja parecía algo aceptable para matar el tiempo y no tener que prestarme a más situaciones comprometedoras.  No tenía idea que ese día mi vida cambiaría.

Curiosidades 1

Cuando llegué a la carretera de Susquehanna por algunos segundos reí, pensé que quizás sí había sido una idea estúpida, Fox Chase era el vecindario más tranquilo y abandonado del noroeste de Filadelfia y alrededor de la carretera solo había pocas casas y el recinto de las Hermanas Del Buen Pastor, una orden religiosa que operaba una escuela para niñas “díscolas”, pero ya me encontraba ahí y no quedaba otra que recoger la caja que probablemente solo tenía algún juguete viejo que alguien, pasando por su carro, decidió tirar. Los niños se aburren rápido y los americanos vivimos en ambivalencia; viajamos solo para alardear de dónde venimos pero al mismo tiempo pensamos que el país entero es un basurero.

Sí, por unos segundos reí, pero ahora que puedo ser honesto, no me da miedo admitir que mientras caminaba hacia la caja, empecé a sentir que algo no estaba bien, sentí que el diablo me agarraba la mano y paseaba junto a mí. Había algo en el aire el día que encontré al niño en la caja.

El lado Sur de la carretera, en esa época, era boscoso, pero esa cubierta forestal no se extendió más que unos metros, el lado norte estaba cubierto de maleza y basura, todo Susquehanna se prestaba para escondites de conejos y ratas almizcleras. Mientras caminaba, me abría espacio entre trampas para animales y basura, pude ver la caja, no estaba en mal estado y reconocí que era de la cadena de tiendas departamentales J. C. Penney.  Su eslogan We Know What You’re Looking For” (Sabemos lo que estas buscando), desde ese día, cobró un significado completamente diferente.

 Cuando me acerqué a la caja y vi su interior, pude sentir el cielo tronar y todo a mi alrededor parecía estar congelado en el tiempo. Lo que encontraría allí adentro cambiaría por completo mi forma de ver la vida.

Entre 4 y 6 años, el cadáver del niño dentro de la caja estaba cubierto con una manta barata, acostado, me veía. Enseguida llamé al departamento y mi compañero Sam Weinstein llegó al lugar, al ver el niño en la caja, Sam se alejó de la carretera y lo podía escuchar vomitar. En mitad de la maleza, entre el frío y las miradas firmes de animales escondidos, se encontraba el niño en la caja. Su cuerpo desnudo solo se escondía entre la sabana barata de cuadros y rayas, era la última semana de febrero.

Los brazos del niño habían sido, delicadamente, puestos uno sobre otro al rededor de su estomago. Tenía las uñas de los pies y de las manos cuidadosamente cortadas, sus ojos color azul aciano, la piel pálida y parecía desnutrido.

 Sentía que podía escuchar su voz, su alma tratando de salir de la caja, buscando algo entre animales y miedos.  Su cabello, parecía haber sido cortado después de muerto. Se veían pequeños montones de pelo en todo el cuerpo, lo habían trasquilado ya muerto y desnudo, quizás tratando de esconder como se veía mientras respiraba.

Curiosidades 2

 Todo su cuerpo estaba marcado con hematomas de golpes que parecían haber sido infligidos al mismo tiempo. Siete cicatrices en todo el pequeño cuerpo. Me pregunté por años que significaba ese número. Hay siete días de la semana, una cicatriz por cada día, por cada pecado capital, por cada sabio de Grecia, por los sietes dones del Espíritu Santo que lo habían abandonado. Algunas cicatrices parecían procedimientos quirúrgicos, en su pecho y su entrepierna, el niño en la caja parecía haber sido un experimento, uno que no salió bien. Vimos marcas que mostraban que el niño en la caja había recibido transfusiones de algún tipo.

Como un muñeco, abandonado y perdido entre los cuartos del horror de una mente maldita. La palma de la mano derecha y las plantas de sus dos pequeños pies estaban arrugados lo que sugería que habían pasado un periodo extenso bajo agua y en su ojo derecho, parecía haber gotas de Ketotifeno o algo parecido. Cada noche, después de ese día, soñaba con el niño en la caja. ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas? Me preguntaba mientras el niño se volvía a esconder en el cartón y el desasosiego.

Entre el clima y la época fue demasiado difícil definir el motivo de muerte del niño en la caja, posiblemente las contusiones en la cabeza eran responsables. Ese 25 de febrero oscureció más rápido, podía sentir el viento susurrarme palabras formuladas en idiomas que sólo los que ya no están pueden entender.

Nunca nadie reportó un niño perdido. Ninguna de las pistas que teníamos nos llevó a algo concreto. Los años fueron pasando y el niño, sin nombre, nunca logró salir de la caja. Hoy en día el caso sigue igual, nunca se pudo identificar al niño o los responsables de su muerte. Más de 50 años después sigue siendo El Niño En La Caja.

Por Joey Rego

@RegoJoey

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