¡A escribir!

New Pompey (2012), de Horacio Convertini

A escribir

“Now the neighborhood´s  cracked and torn

The kids are grown up but their lives are worn

How can little street

Swallow so many lives?”

(The Offspring: Kids aren´t alright)

El filme Timothy Green, del director Peter Hedges, cuenta la historia de una pareja que no puede tener hijos por problemas de esterilidad, pero que en un arrobo de esperanza se dirige al jardín para enterrar una caja  que contiene una lista de las cualidades que desean para un hijo. Para la sorpresa de ambos, cual planta, un niño surge de la tierra. Sin embargo, los padres tropezarán con el frustrante hecho de que Timothy no está dotado ni para la música ni los deportes ni ninguna otra cosa que esperaban. Peor aún: los padres ocultan del público unas hojas que cuelgan de las piernas del niño. Aunque en clave fantástica, el mensaje de este filme es directo: sólo cuando puedas aceptar que tu hijo no está obligado a ser lo que deseas podrás ser un verdadero padre. Esta referencia sucinta al filme viene a cuento porque es un problema que constituye el núcleo  de la novela New Pompey (2012), del escritor argentino Horacio Convertini, obra publicada por Ediciones Puntocero.

La novela se ambienta en Nueva Pompeya, barrio de Buenos Aires popular por su tradición de tango, donde Cali, narrador-protagonista, regresa a la casa de sus padres después de la muerte de su madre. Convertini, dicho sea de paso, arroja al lector al espiral de tropiezos de su personaje desde las primeras líneas: “ACABA DE MORIR MI MADRE. Acabo de separarme. Acabo de renacer entre los restos de una vida destrozada y no hay nada bueno en eso” (las mayúsculas de la primera oración pertenecen a la obra original). Desde ese momento, Cali evocará la dolorosa vida transcurrida  con los padres en su viejo barrio,  etapa presentada a través de constantes flashbacks, mientras que la noche avanza y  Cali recibe la visita de su viejo amigo, el chino Reilly, quien le pide que lo acompañe, junto al ruso Romitroski,  a robar la el dinero que se encuentra en la caja fuerte del club Unidos de Pompeya.

Hay mucho de una sensibilidad sublime para lograr posicionar a los lectores en la amarga vida pasada de Cali, personaje atrapado en esa red en la que, según el filósofo Slavoj Zizek, el niño se encuentra, quien no sabe si debe satisfacer las fantasías de su madre, las de su padre, o las de alguien diferente. En todo caso, Cali no cumple el deseo de su padre de que se convierta en un hombre rudo, siguiendo la fama que a él lo ha acompañado desde la juventud, ni tampoco cumple el deseo de su madre de que se convierta en un médico. En cambio, el protagonista descubrirá su homosexualidad cuando entre en contacto con José, algo que le gana el desprecio de su familia, como puede preverse por los aspectos comentados, y como lo ejemplifica genuinamente esta línea con relación al padre: “El Matador de Pompeya noqueado por un hijo maricón”

Si el pasado explica el sentimiento de frustración actual de la historia, el presente hace explícito lo que sólo es latente en los momentos pasados que observamos: la pobreza y decadencia de Pompeya. De manera que no se trata únicamente de los padres, sino, además, de un lugar donde los habitantes parecen no tener posibilidad de éxito, menos aquellos que transgredan eso que Michel Foucault trató en su obra como ‘normalidad’: “Sara, Madeira. Gente diferente y humillada” (para capturar  y complementar este aspecto, conviene leer el cuento Uru, que acompaña esta edición, pieza de un tono melancólico arrollador). Por último, toda vez que sabemos que el padre de Cali se suicidó, y que su madre murió negando que tenía hijos, nos preguntamos si el narrador-protagonista acomete el robo como una forma de expiar culpas inconscientes, o para demostrarse que si es capaz de doblegar su inacción, o quizá para obtener un dinero que lo dotara de la independencia que nunca ha tenido completamente. Por suerte, la respuesta a estas interrogantes queda suspendida.

Por Maikel Alexander Ramírez

@MaikelAlexander

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