Curiosidades

No desaparezcas. La muerte de Ian Curtis

Ian

El último día de Ian Curtis. No quiero faltar el respeto a nadie, solo es un pequeño tributo literario a alguien que admiro muchísimo. Paz para Curtis. Espero les guste.

“Existence. Well, what does it matter?

I exist on the best terms I can.

The past is now part of my future. The present is well out of hand. “ – Ian Curtis

Deborah está cansada de mí, cansada de mi desanimo, cansada de mis preocupaciones, cansada de mi depresión, al igual que yo. Dice que es “Una barrera entre los dos”, pero yo sólo lo veo como una barrera conmigo mismo. Mi cabeza va nadando entre amarla y odiarla, todo al mismo tiempo.

Odio que Deborah no sea Annik. Mis errores me obligan a cumplir dos papeles que detesto. Debo ir a casa, debo irme de gira, debo amar a Deborah, debo odiarla, debo amar a Annik. Estaba creando dos realidades y nunca me di cuenta. Ahora admito que odio las dos. Mi enfermedad odia las dos.

El problema de la fama es que, al final, tú mismo te crees la mierda que todo el mundo cree. Piensas que eres inmortal pero en lo que menos te das cuenta, estás limpiando el estudio de grabación para ganar algo de dinero. Mientras la gente cree que estás en algún yate disfrutando el éxito de canciones que mañana no significarán nada. En tu mente, por segundos, estás en el yate. Eso te hace la fama.

El problema de amar la música es que no te importa tener que limpiar la basura de los demás en el estudio de grabación con tal de poder seguir haciendo canciones. Estás dispuesto a hacer el ridículo, seguir haciendo el ridículo.

El problema de mi enfermedad es que no le importa nada de lo anterior.

Me abrí la frente en dos cuando estaba grabando Closer. Había ido al baño cuando sufrí un ataque y me desplomé contra el lavamanos. Podría mentir y decir que mi vida pasaba por mis ojos, pero mi vida sería lo último que quisiera ver. Honestamente, mientras sentía saliva caliente saliendo de mi boca y cayendo en mi pecho, pensaba en Deborah, como la amaba y odiaba.

Era Abril y no había mucho dinero para comer o tomar. Me inspiré y con un cuchillo de carne dramaticé mi representación de una mezcla entre Iggy Pop y frustración. Todos pensaron que había sido un intento de suicidio. Sólo estaba aburrido.

La segunda vez fue más complicada. No recuerdo cuantas pastillas tomé, pero cuando desperté, estaba en el hospital y Tony Wilson me decía que debía ir al estudio a ensayar los temas. Esta vez no estaba tan aburrido. Todos me preguntaron cómo estaba y yo sólo les daba lo que querían, un cantante.

Nunca subestimes el poder de un corazón roto.

No podía hacer el show en Bury. Deborah cada día estaba más consumida por mi depresión, y Annik sólo significaba problemas, problemas que sólo el corazón entiende. La verdad es que nadie puede cambiar el pasado, el pasado solo te pisotea. Pero pensé que quizás mis canciones me entendían, decidí montarme en la tarima en Bury. Después de dos canciones podía sentir la presión, todos querían un pedazo de mí, todos querían decisiones. Todos eran Deborah, todos eran mi enfermedad. No pude seguir cantando y el público empezó a lanzar piedras y pedazos de madera. No tenía nada para ellos, no tenía mensaje verdadero.

Nunca subestimes el poder de un corazón roto.

 El amor rompió el orgullo, la permanencia no existe.

Un poco después había conseguido el dinero para las pastillas. Había complacido a todos en la Universidad de Birmingham. A todos les gustó Ceremony, pero a mí no tanto. No fue un buen show.

Hoy volví a casa, todo salió mal. Le pedí a Deborah que se fuera. Cuando regrese, yo me habré ido a Manchester.

Prendo un cigarro mientras veo la última escena de Stroszek. La gallina, el pato y el conejo. Nadie baila mejor que esa gallina.

Todos somos como esos animales, esperando que alguien ponga una moneda para empezar a bailar y dar un espectáculo. Sonamos la corneta del camión de bomberos, hay un incendio en cada ciudad, en cada cabeza. Algunos, sólo somos entretenimiento.

Prendo un cigarro, busco entre los discos, sólo quiero escuchar The Idiot de Iggy Pop. Mi mente tiene escalofríos, la siento sudar. Prendo otro cigarro mientras me hundo en el bajo de George Murray. Puedo sentir cada nota calar entre mis lágrimas, puedo sentir la sangre más espesa. Mi pulso va al ritmo del saxofón de “Tiny Girls”. Gracias Bowie.

Sonrío.

Me lamento.

Cuando Deborah regrese, yo me habré ido a…

“at this very moment, I wish I were dead. I just can’t cope anymore”

Cuando Deborah Curtis regresó a la casa, Ian se había colgado en su cocina, en la 77 Barton Street de Macclesfield, había visto “Stroszek” de Werner Herzog y el album “The Idiot” de Iggy Pop fue lo último que escuchó.

Por Joey Rego

@RegoJoey

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