Pluma creativa

Sin rastros ni serrines

sin rastros

¿Cuántas veces tengo que decirte que dejes de perseguirme? El día se fue y debiste irte con él. Bajo la luna, redonda y amarilla, eres solo una sombra y no deseo verte.

Las colillas del último cigarrillo se juntaron con el agua de lluvia y ahora brilla una masa lúgubre, parecida al coque. Un residuo, un rescoldo, tal como el carbonizado coque, que absorbe el encanto de la ventana por la que miraste al mar. Las pisadas del encuentro palidecieron con la brisa de septiembre, y ahora solo queda un rastro inasequible, como en la arena. Una vez moldeado, ahora libre, tal como la escurridiza arena.

“¡No me toques!”, se me ocurrió decirte para que te doliera. La venganza a la que más le teme el pasado es pedirle distancia, como si la memoria sufriera de una terrible enfermedad por la ausencia de tacto.

Seguiste. El paragua se dobló hacia arriba, te volviste. Solo faltaba sellar el proceso con el silencio. Pero olvidé que te encantaba el vacío de palabras. Todo dejó de ser ajeno, y permanecimos en el sigilo. De pronto, y aunque no pueda entenderlo, sucede que amarás por siempre la incertidumbre.

Por Indira Rojas

@Indirojas

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