¡A escribir!

La Claraboya en la que Saramago se asomó para mirar el mundo

José Saramago, clarabollaLa segunda novela escrita por el nobel de literatura José Saramago, Claraboya, permaneció guardada por 46 años en el escritorio personal de su autor, luego que varias editoriales en Portugal rechazaran la posibilidad de publicarla, en 1953.

Claraboya “es una novela de personajes, situada en Lisboa, en los años cuarenta, cuando la Segunda Guerra Mundial ha terminado… No es una novela política, por tanto no cabe pensar que sufriera los rigores de la censura y que por eso no fuera publicada en su día”, se reseña en el prólogo previo a la novela, escrito por la presidenta de la fundación José Saramago, Pilar del Río.

Cada capítulo es para el lector un divino paseo por la intimidad y complejidades de las familias que viven en un edificio. Las paredes de cada uno de los apartamentos esconden recuerdos dolorosos y deseos jamás alcanzados, como el caso de Silvestre: un militar frustrado que se gana la vida lustrando zapatos ajenos, mientras su gentil esposa, Mariana, lo espera puntualmente en casa con la cena servida.

Adriana e Isaura, dos jovencitas que viven en el edificio junto a su madre, Cándida, y su tía Amelia, permanecen inmersas entre los libros, telas y agujas, y un pequeño tocadiscos donde disfrutan de la ópera y algunas melodías de la época, apreciadas como único deleite posible para cuatros mujeres sumisas, temerosas a la crítica social y a la exposición ante los demás.

El matrimonio sin amor y la pérdida de un ser querido, expresadas desde sentimientos como la melancolía, la desdicha y el odio, son reflejadas en el día a día de Justina y su esposo, Caetano Cunha, y en Carmen y su marido, Emilio, estos últimos se disputan el afecto de su único hijo, Enrique, un pequeño de seis años con una enfermedad respiratoria.

Saramago plantea sutilmente el tema de la prostitución, cuando a través de las letras le permite al lector penetrar en la vida de Lidia, una hermosa treintañera que goza de los más altos privilegios permitidos para una mujer en esa época, gracias a un hombre adinerado que complace sus peticiones a cambio de sexo.

Claraboya es de principio a fin una novela de obligatoria reflexión de la sociedad y los sentimientos del hombre, sus deberes, sus decisiones y la complejidad con la que se relaciona entre sus semejantes, al tiempo que forma las bases para construir su vida. Abel, un viajero libre que vive por un tiempo junto a Silvestre y Mariana, es quizá el ejemplo ideal para representar las dudas del hombre en su entorno.

“…No es indiscreto. Vivo así porque quiero. Vivo así porque no quiero vivir de otro modo. La vida, como otros la entienden, no tiene valor para mí. No me gusta estar agarrado y la vida es un pulpo con muchos tentáculos. Uno solo basta para prender a un hombre. Cuando me siento preso, corto el tentáculo. A veces eso duele, pero no queda más remedio. ¿Me entiende?”, es un extracto de una conversación entre Abel y Silvestre, quienes durante la historia suelen discutir sobre la inutilidad del hombre en el mundo.

Más sobre Saramago

El también periodista y dramaturgo es creador de reconocidas obras literarias, entre ellas Ensayo sobre la Ceguera, escrita en 1995 y merecedora del Premio Brancatti, años después.

Saramago era el hijo de una pareja de campesinos de escasos recursos económicos. Su infancia junto a ellos le permitió absorber las fragilidades de la vida diaria que, con el pasar de los años, formaron en él un pensamiento crítico definido.

Su apellido debió ser Sousa. Sin embargo, un error en el registro civil le hizo adoptar el apellido Saramago.

Su primer contacto con la literatura fue en 1934, a la edad de 12 años, mientras realizaba estudios en una escuela industrial en la que tuvo acceso a diferentes clásicos. Sin embargo, no pudo concluir su formación académica pues desde muy temprano tuvo que trabajar para alimentar a sus padres y a un hermano de nombre Francisco, quien falleció cuando era apenas un niño.

El 18 de junio de 2010, el escritor perdió la batalla con una leucemia crónica. Durante toda su vida nunca dejó de escribir. Dejó una novela sin acabar, de las cuales se conservan unas 30 páginas.

 Por Arianne Cuárez

@Aricuarez

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