Sorbonoticias

Duelo en las aguas de Maqroll

Alvaro Mutis

La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha”

“Amén”, Álvaro Mutis.

Él, que todo lo ve desde la gavia de las naves, es lo que permanecerá. Su creador, que alguna vez confesó que este marinero de sus relatos se parecía un poco a él, ya no está.

Ignoran su origen y su pasado, pero el gaviero está viejo y probablemente la barba “hirsuta y entrecana”, como lo describía su inventor en La Nieve del Almirante, le pesa. También le inquietan los años eternos que le tocará vivir, inmortal como la palabra y la poesía con la misión de que las historias perseveren.

Maqroll, el gaviero, personaje considerado como el álter ego de Álvaro Mutis, terminará las aventuras que este escritor colombiano se llevó el domingo 22 de septiembre. Tenía 90 años. Feliz por arribar a esa edad, en agosto dio unas breves declaraciones a la emisora Caracol Radio: “Me siento mejor, ahí vamos”, afirmó.

Mutis padecía de una enfermedad que lo mantenía hospitalizado desde hace una semana en Ciudad México. A la nación mexicana llegó en 1956, con dos cartas de recomendación: una dirigida al cineasta español Luis Buñuel y otra al productor de televisión Luis de Llano. Consiguió trabajo como ejecutivo de una empresa de publicidad, y luego como promotor de producción y vendedor de comerciales para televisión.

Sin embargo, esta no fue la primera aventura del gaviero. A los 18 años se casó y también a esa edad despertó, tal vez ya muy tarde para la libertad pero comprometido con las letras; porque entendía su vocación para la escritura pero estaba plenamente consciente de que eso no le daría para vivir.

Fue locutor de la Radio Nacional, hasta que un raro episodio le obligó a retirarse: un hombre, que creyó haber revelado mensajes cifrados dirigidos a su esposa en las actuaciones que Mutis improvisaba en su programa, lo esperó en una esquina revuelto por los celos y armado. También fue narrador de la serie “Los Intocables”, y relacionista público de una empresa aérea, Lansa. Tuvo que dejar este último empleo “porque se le cayó el último avión”, como dijo Gabriel García Márquez en una oportunidad.

García Márquez era más que un colega. Su amistad duró por décadas, e incluso Mutis fue el testigo del nacimiento de Cien años de soledad. Como buen marinero en tierra es compañía y apoyo para sus amistades, y aunque Maqroll puede ver desde la gavia los horizontes y tantear con la vista los escenarios, el escritor en tierra puede tocarlos y ser parte de ellos.  “Casi todas las noches fue a mi casa durante 18 meses para que le contara los capítulos terminados. Desde entonces ha sido el primer lector de mis originales”, dijo Márquez.

Cárcel en México

Pasaron tres años desde que Mutis arribó a México, y se hicieron efectivas las demandas en su contra por una supuesta malversación de fondos en la petrolera ESSO. “Dispuse de algunos fondos para cosas que me parecían urgentes. A eso parece que le llaman fraude. Tuve un proceso y decidí irme a México”, aseguró el poeta hace 15 años al diario español El Mundo.

En la cárcel, Mutis se entregó a la observación y a la pluma.  “Una lección que nunca olvidaré sobre los estratos más intensos y profundos del fracaso”, así fue descrita por él la reclusión en Lecumberri. Personaje y vivencias, seres de la culpa, dueños de las celdas, se instalaron en sus experiencias como fantasmas aleccionadores y contribuyeron a dar forma a los relatos Saraya, El último rostro, Antes de que cante el gallo y La muerte del estratega, y emergieron algunos de los poemas de Los trabajos perdidos (1965).  Sin embargo, la obra que se llevó los 15 meses en prisión compilados y sentidos fue la novela Diario de Lecumberri (1960).

Poco tiempo después de su liberación, Carmen Miracle fue la tercera mujer que le robó su corazón de marinero poeta y se casó. Salió de la cárcel, retomó las aguas, volvió a ser Maqroll. Este gaviero de su ficción, que a veces rozaba incluso con la ilegalidad, nació mucho antes que las reflexiones en prisión. Uno de sus poemas publicado en 1953 podría ser su primera aparición para sus lectores y surge a lo largo de su obra, retomando la forma libre, aventurera, y a veces nostálgica de Mutis. En efecto, se dedicó a navegar en la literatura por completo desde 1988, cuando cumplió con el tiempo requerido para retirarse y así dedicarse a leer y escribir.

Antes de la pluma

-Álvaro Mutis nació en Bogotá en 1923

-Vivió su infancia en Bruselas, capital de Bélgica. Llegó al país cuando tenía dos años junto a su padre, el entonces embajador Santiago Mutis Dávila, y su madre Carolina Jaramillo.

– Al volver a Colombia, tras la muerte de su padre, consiguió trabajo en la Radiodifusora Nacional de Colombia en 1942 como locutor de noticias.

-Al divorciarse de su primera esposa, se casó por segunda vez con María Luz Montané, en 1954.

-Un día antes del llamado “Bogotazo”, en abril de 1948, Mutis lanzó su primera obra: La Balanza, un cuadernillo de poesía de 200 ejemplares.

Algunos de sus premios

-Premio Nacional de Letras de Colombia en 1974.

-Premio de la Crítica de Los Abriles en México en 1985.

-Premio Médicis Étranger en Francia en 1986.

-Orden de las Artes y las Letras en el grado de Caballero de Francia, entre más de una veintena.

-Fue honrado en España, en 1997, con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

-En 2001 recibió el Premio Cervantes de Literatura.

Por Indira Rojas

@Indirojas

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