¡A escribir!

Orgullo y prejuicio y zombis (2009), de Jane Austen y Seth Grahame-Smith

Orgullo

En febrero, vía Twitter, la escritora cubana Wendy Guerra informó que el hilarante filme Juan de los muertos, de Alejandro Brugués, se hacía con el premio Goya en la categoría de mejor película extranjera de habla hispana 2013. En semejanza con El retorno del Rey, de Peter Jackson, el mayor logro del filme de Brugués es, a mi parecer, obtener un premio principal pese a su componente fantástico. Juan de los muertos, además, viene a sumarse a un conjunto abultado de trabajos artísticos que circula en nuestros días sobre el tema zombi, incluyendo la popular serie televisiva The walking dead. Otro caso ejemplar lo ofrece la novela Orgullo y prejuicio y zombis, de Seth Grahame-Smith, en coautoría con Jane Austen, obra publicada en 2009, devenida en best-seller.

El escritor norteamericano Seth Grahame-Smith sostiene la coautoría de la escritora inglesa Jane Austen porque, por donde se mire, su novela no hace sino añadir  los muertos vivientes, llamados innombrables en la historia, y elementos de la cultura oriental, como las artes marciales y otros códigos de conducta. Del resto, encontramos el atropellado encuentro inicial entre la sencilla y audaz Elizabeth Bennet y el arrogante y ricachón Mr. Darcy, que  luego devendrá en un amor pletórico cuando ambos depongan prejuicios y otros malentendidos. Para resumir un poco, descontando algunos ligeros cambios, digamos que el resto de la novela de Austen se mantiene inalterada.

No es arduo calcular que los cambios operados por Grahame-Smith puede superar el margen permitido por los puristas o por los devotos de la novela de Austen. Con todo, Orgullo y prejuicio y zombis se abre a otras posibilidades de comprender los procesos de producción y recepción de nuestra contemporaneidad. Apegados a este línea de argumentación, por ejemplo, resalta la hibridez de la novela. Quizá por eso el público más entusiasta por la propuesta de Grahame-Smith son los niños y los adolescentes, sector que ha crecido bajo el influjo del manga japonés, y disfrutan que Elizabeth y otros personajes decapiten zombis con sus catanas, a la Kill Bill de Tarantino.

Un sector de la crítica ha señalado que Grahame-Smith pone a flote lo que es latente en la novela de Austen, afirmación que parece atinada si consideramos que un problema central en Orgullo y prejuicio es la división de clases sociales, de allí la soberbia de Mr. Darcy hacia la provinciana Elizabeth, como lo demuestra su patética declaración de amor: “¿Espera que me regocije en la inferioridad de su familia?”. Grahame-Smith, por su parte, intensifica las tensiones entre la clase alta a la que Darcy pertenece y la baja de Elizabeth por medio de las destrezas físicas de la joven, pero, sobre todo, por haber sido entrenada en China, mientras que para los acaudalados el destino apropiado es Japón. En todo caso, el carácter luchador de Elizabeth contrasta con los delicados modales de la hermana de Bingley y otros personajes femeninos de la obra.

El comienzo de Orgullo y prejuicio es uno de los más conocidos de la literatura inglesa: “Es una verdad universalmente conocida que un hombre soltero que posea una fortuna debe estar en la búsqueda de una esposa”, cuyo mensaje entre líneas puede ser que la mujer es otra propiedad. No obstante, Elizabeth no se autorepresenta como mercancía ante sus pretendientes, antes bien, se enamora de Darcy en la medida que éste le demuestra generosidad y devoción. Así que si los zombis son una amenaza en la propuesta de Grahame-Smith, las destrezas de combate de Elizabeth son instrumentos de su independencia ante cualquier hombre. Ella no es la princesa indefensa a quien se debe socorrer, sino un ente activo en control de su vida.

Irónicamente, un giro que sufre  la novela de Austen tiene que ver con la relación de la autora con el romanticismo inglés, periodo durante el cual escribió, pero cuyo espíritu mantuvo a distancia. Sometidos a escrutinio, los personajes de Orgullo y prejuicio no son románticos. En otras palabras, ni Elizabeth ni ningún otro personaje se orientan o precipitan por sus emociones, sino que sus relaciones sentimentales se establecen tras un descubrimiento o una acumulación de hechos que conducen a una conclusión. Por contra, una condición sine qua non de los personajes románticos es su arrobo anímico. Valiéndonos de una comparación, la oscilación de Elizabeth entre la ternura y la violencia equivaldría a la disparidad tonal de Für Elise, de Beethoven. Igualmente, sabido es que Austen satirizó los monstruos del romanticismo gótico en su obra Northanger Abbey. Por eso, que Grahame-Smith combine la afamada novela de la autora inglesa con un panorama atroz y cosas espantosas propias de una novela gótica resulta en una herejía hacia la novelista.

Este año se cumplen dos siglos desde la publicación de Orgullo y prejuicio. Quizá, arriesgo concluir, adaptaciones como las de Grahame-Smith, por erróneas y espurias que luzcan a primera vista, son pruebas inequívocas de la permanencia y magnanimidad de la novela de Austen como clásico de la literatura universal.

Por Maikel Ramírez

@MaikelAlexander

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