Pluma creativa

Trampas para las pieles

indira pluma

El calor les conquistaba. Se sentían a gusto compartiendo las últimas bocanadas de aire y los roces rumorosos, los fuegos continuos en el pecho y las gaitas en sus cabezas. Glorias que la naturaleza diseñó para fines estratégicos, de descendencia y supervivencia de especies, pero que ingenió esa tarde una forma de escape. Una luz anónima, sin compromiso ni quejas, a la traición sin testigos.

El silencio era lo más deseado. El silencio que era el motivo del secreto, que las mafias del placer diseñaron con objetivos puntuales, para prolongar los días a más días y las noches a más noches, a números infinitos y a horas que quedarían por definir. Nunca se sabe cuándo se alojará en los cuerpos una nueva oportunidad para esconderse.

Las luces no parpadeaban, los cojines sostenían las cabezas despeinadas, las sábanas estaban limpias. Escogieron un lugar y allí se quedaron para siempre. Si estaban lejos, estaban allí. Si se querían, estaban allí. Si regresaban a la realidad, seguían allí. Sin levantar sospechas se escurrían entre los mortales y seguían juntos (y revueltos) un camino tierno y obsceno. Conocían bien la adrenalina de la carne, advertían el minuto justo en el que se inquietaba la piel y los primeros pasos eran fáciles y necesarios. Pero los gestos del retorno eran acechados como si fuera la primera espera.

Nadie sabía nada, y confesaban sus pecados solo entre ellos.

Por Indira Rojas

@Indirojas

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