¡A escribir!

Los pájaros, de Alfred Hitchcock: de regreso a Bahía Bodega 50 años después

Maikel

“Prophet!” said I, “thing of evil!- prophet still, if bird or devil!”

(Edgar Allan Poe: The raven)

Mal que les pese a aquellos que están convencidos de que el cine de desastres naturales es monopolio de Spielberg, Emmerich o Bay, hubo (y habrá) Hitchcock. Y Los pájaros, filme que arriba a su medio siglo, es una de las piezas fílmicas consagradas a retratar los estragos que causa la indómita naturaleza sobre la humanidad. De hecho, en la vital obra El cine según Hitchcock, entrevistas realizadas por Francois Truffaut,  el cineasta inglés reconoce que deliberadamente evadió cualquier explicación racional del ataque de los pájaros a Bahía Bodega, lugar donde se desarrolla la historia. Hitchcock, acaso el más hábil manipulador en la historia del cine, se inclinó por encuadrar, en mayor proporción, aves que normalmente son apacibles, con el propósito de provocar aún más la perplejidad y el pavor de los espectadores. Recordemos, por ejemplo, el ataque dentro de la casa de los Brenner, donde docenas de gorriones atraviesan la pantalla con violencia.

Sin embargo, como toda obra maestra, el que sería el más complejo de los filmes de Hitchcock, desde el punto de vista técnico[1], ha hecho lícitas diversas lecturas por parte de los estudiosos de la obra del maestro del suspenso. En Mirando el sesgo, obra de raigambre lacaniana, Slavoj Zizek propone ver a los pájaros como una exteriorización de la discordia creciente de la viuda Brenner (Jessica Tandy) hacia Melanie Daniels (Tippi Hedren), por sentir que ésta puede conquistar a su hijo (Rod Taylor) y, por consiguiente, dejarla sola. Adicional a la trama, Hitchcock acometió un conjunto de recursos técnicos que apuntan a fortalecer este argumento. Se deben resaltar, por ejemplo, los planos que muestran a una fría y escrutadora Mrs. Brenner, mientras que en el contraplano se ve a Melanie radiante durante el tenso primer encuentro entre ambas. Sobre todo, es notable que la amenaza de los pájaros cesa en el momento que Melanie se somete a la protección de la robustecida Sra. Brenner. Por primera vez, Melanie no controla la situación y luce inofensiva.

Desde una perspectiva feminista, Camille Paglia, en su libro Los pájaros,  se detiene en Melanie, personaje que encarnó Hedren, la última gran rubia del afamado director. Paglia estima que este personaje es la heroína definitiva de Hitchcock, y que encierra la obsesión  del cineasta por los personajes femeninos, que no por poderosamente cautivantes son menos peligrosos. Con agudísimas observaciones, Paglia da cuenta de cómo, desde el vestuario hasta las comillas simples que resaltan el nombre Tippin, Hitchcock construye la imagen de una mujer que se afana en cazar el hombre. Melanie tiene el ímpetu de las mujeres de las comedias de los años 30 y el pulso calculador de una femme fatale del cine negro. La ensayista nos comenta que el sencillo hecho de que Melanie condujera un descapotable era una señal clara de la liberación femenina, así como el “rudo argot de la calle” en boca de este personaje.

Otro hallazgo importante de Paglia son las implicaciones sexuales en los diálogos del filme, como cuando Mitch (Rod Taylor) arguye que aves “demasiado demostrativas” no serían adecuadas para su pequeña hermana, acotación que erotiza la conversación que él y Melanie sostienen. A fin de cuentas, según diversos críticos, la sexualidad impregna la obra hitchcockiana: la postergación del acto sexual (La ventana indiscreta), el incesto (Psicosis), la relación entre una pareja homosexual y la simbolización de la flacidez del pene por medio del ahorcamiento (La soga), la impotencia sexual (Frenesí), por sólo mencionar un puñado de filmes. Con astucia, Hitchcock supo burlar el código de censura que desde los años 30 imponía duras restricciones al contenido de las producciones hollywoodenses, (recordemos la lucha del director por mostrar un sanitario en Psicosis).

A mi juicio, pocos directores podrían presumir de combinar eficazmente el humor (reparemos en los periquitos balanceándose al ritmo del carro de Melanie y en el cameo de Hitchcock al salir de la tienda de mascotas), mostrar un hermoso plano (close-up de Melanie cerca de la escuela),  encuadrar un elemento soez (las cuencas de los ojos del vecino de los Brenner), y ubicar al público dentro de la psique de los personajes por medio de planos subjetivos. ¡Felices bodas de oro para Los pájaros y sus espectadores!

Por Maikel Ramírez

@Maikelalexander


[1]. Entre otras cosas, se usaron pájaros verdaderos, lo que ameritó la elaboración de una jaula alrededor del plató para que los animales no huyeran y, por otra parte, los actores y el equipo técnico sufrió heridas durante el rodaje, como el caso de la actriz Tippi Hedren, quien estuvo varios días de reposo médico.

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