Pluma creativa

Crimen medieval

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Creció entre las luces. Decorando cartas de amor con perfumes, llevando flores a las tumbas, jugueteando con los jóvenes del bosque que tiritaban al cobrar valor para levantarle la falda.

No, no escondas mi identidad, no finjas que quedaron rastros, se quejó la dama. Los brotes de la primavera se quedaron en los fraudes de la fe que me dieron los infelices. Lloró con las manos en los labios, con un tremendo gesto de horror. Mientras, fuera de las paredes del sanatorio, frío entre piedras con sabor a invierno, una rumba de colores se alejaba reflejada en el mar. Aunque no se conocía forma de volar y su amor era el patrón del imperio latifundio, ni los sueños de hombres con alas ni el dinero quebraron su cordura.

Sí, cuéntame más, de él, de sus ojos, de sus ojos llorosos, pidió.

No había forma de apaciguar el deseo de eternidad. Le mintió sobre su luz, sobre su sangre dulce, y le desterró al limbo de las aguas comunes que arden. Se quedó sobre el pecho rojo y brillante, y luego se llevó sus carnes como abono para las berenjenas.

Se supo de su crimen cuando se le vio llorar en las noches, con una fuerza imposible para quitarse la…

No, no diga más del alma oscuras. Déjame llevarle las cartas perfumadas, llévame a la sepultura para darle flores, dame las llaves para no regresar al bosque.

Por Indira Rojas

@Indirojas

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