Pluma creativa

Un nuevo santo

rego

Nadie sabe si lo soltaron o se escapó, pero Castillo salió de Sabaneta hace unos tres días. Salió con todos sus miembros, medio cojo pero arrecho, medio cojo pero salió.  Se escondió cuidándose de las promesas que le habían lanzado, donde le aseguraban que era mejor quedarse allá adentro. Pero a los tres días Castillo, medio cojo y medio arrecho, regresó a su hogar.

Lo esperaban en su barrio como a Cristo cuando resucitó; igualito, a los tres días. Los niños querían escuchar las historias, las madres besarle la frente y las mujeres hacerle favores.

Otros dieciséis habían salido también; pero sin piernas, sin cabeza y en bolsitas. Castillo salió completico, o lo soltaron, nadie sabe. Y eso, en el idioma de la calle, significaba que Castillo era el próximo Ismael. Porque sobrevivió al infierno mismo y ahora caminaba con grandeza y risa, porque sobrevivió a las tumbas y eso lo hacía inmortal.

Es que los tiempos de José Gregorio Hernández ya pasaron hace mucho. Aquí santo no es el de buena faena, sino el que aguanta la pela. Santo es el que tiene guáramo en las feas.

Hacia cualquier lado, Castillo ahora era pensamiento mágico; para los suyos era un santo y para sus enemigos, una bruja. Así que de todas formas, por lo visto tenía poder sobrenatural.

Además, por mucho que allá creen en Dios, ellos saben que Dios no entra a los barrios, así que Castillo era como el enviado necesario. En el barrio tampoco entra Superman, así que Castillo era el de pecho de acero que las balas no lo mataban por más que le habían pegado bastantes.

Las madres rezaban un “Gracias diosito, que lo acogiste en tu seno y ahora es uno de los tuyos pero aquí en la tierra” y obligaban a sus hijos a repetirlo. Ellos confundidos, se preguntaban cómo es que Dios tiene tetas.

La felicidad se mezclaba con el olor del tabaco y Castillo estaba tranquilo, porque sabía que pasara lo que pasara, ya tenía su puesto asegurado entre los Calé, ahí mismito, al lado de Isabelita, y el Malandro Ratón.

El barrio también estaba tranquilo, ahora tenían nuevo santo. Fuera del barrio, en los detalles está el diablo, pero dentro del barrio, en cada esquina lo puedes ver, así que ahora con Castillo, todo estaba cuidado. Es que los tiempos de José Gregorio Hernández ya pasaron hace mucho. Aquí santo no es el de buena faena, santo es aquel que la voz le retumba más duro que el sonido de los casquillos.

Por: Joey Rego

@RegoJoey 

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