Pluma creativa

Persecución

pis

Salta de la tarima y corre. Su perseguidor está a su izquierda, así que prefiere dirigirse a las escaleras mecánicas que quedan al otro lado del centro comercial. No hay mucha gente en la PB en este momento, por lo que decide divertirse con la corrida y zig-zaguea hasta pisar los primeros escalones que lo llevarían hacia el piso de arriba. Tiene algo de ventaja, eso es seguro, pero si se queda como un bolsa a esperar que las escaleras mecánicas lo lleven al próximo piso, seguramente será alcanzado. Rápidamente decide gritar “¡permiso!” y sube a toda velocidad por las escaleras. Por suerte, apenas hay dos personas esperando pacientemente a llegar al piso dos, así que no hay mucho problema para que se echen a un lado a tiempo. Llega al segundo piso y se monta de una vez en las escaleras que lo llevarían al piso 3. Grave error. Se da cuenta que estas escaleras están llenas de parejas. Piensa: ¿por qué en Paseo siempre tienen que haber parejas en todos los lados? ¿No pueden ir a otro lugar a farandulear? La respuesta es fácil: no, no pueden; el país es inseguro y a la gente le da miedo salir a la ciudad.

            -¡Hey, para! –grita el perseguidor con entusiasmo.

            La voz suena desde abajo. El perseguido voltea y se da cuenta que el perseguidor apenas está empezando a subir las escaleras que lo llevarían al segundo piso. Aprovecha que apenas se había montado en la sucesiva serie de escaleras y corre hacia abajo para dirigirse a las otras escaleras del centro comercial. Total, es imposible que estén tan ocupadas como estas. Mientras baja, se tambalea por ir en contra del sentido del mecanismo y resbala fuertemente, pero logra pisar bien para devolverse al piso 2 sin caerse. No tiene tiempo para voltear y ver dónde está su cazador, puede que el tiempo que le tome en hacer esto sea lo suficiente para que lo agarre. En fin, se recupera de su tambaleo y prosigue el maratón. A mitad de camino choca con un tipo alto con camisa del Real Madrid saliendo de American Game World. Probablemente se compró un juego de Fifa. Qué estúpida es la gente, con lo caros que están los juegos, ¿cómo se dignan a comprar el mismo refrito cada año?

            -Bueno mamagüevo, ¿qué pasa? –exclama el tipo chocado, para terminar siendo echado bruscamente a un lado una vez más; el perseguidor no perdona a quien se le atraviese.

            La ventaja que lleva el perseguido ha disminuido. Mientras se encuentra subiendo las escaleras mecánicas al tercer piso, su cazador ya va llegando a la óptica que se encuentra frente a las mismas. No importa, la presa acelera el paso y llega al piso 3. Aquí tiene que dar toda una vuelta para alcanzar las escaleras mecánicas para el próximo piso; solo hay un set de escaleras. Sin embargo, la cantidad de gente que está en el camino que tomaría para dar esa vuelta es demasiada. Piensa dos cosas: Primero: coye, qué raro que hayan clausurado el Sushi Town. Segundo: piensa rápido, que te van a alcanzar. Mira a su alrededor y se da cuenta que entre los ascensores –que se encuentran prácticamente a su lado- uno está abierto. Corre hacia él e inmediatamente marca el botón del piso 5 y el de “cerrar” a la vez. Uff, así me salto de una vez tener que pasar por el piso 4. Típica vaina que una persona en la feria se estresa toda y empieza a armar peo, y eso ya sería demasiado.

            -Coño, pero es que los carajitos hoy en día ya ni respetan –se le oye decir a una señora que andaba esperando el ascensor mientras este cierra sus puertas y se eleva, dejándola por detrás.

            Llega al piso 5 y sale del ascensor. Cree que ya se alejó lo suficiente de su cazador; toma el tiempo para respirar un poco. Nunca fue muy atlético. Su pulso baja y ya es suficiente, puede volver a seguir corriendo. Da una vuelta y se da cuenta que no lleva mucha ventaja, los quejidos de la gente que andaba entrando a Il Grillo y que va subiendo las escaleras mecánicas tan solo pueden indicar esto. Reinicia la persecución. Pasa por el pasillo de las joyerías y la chocolatería para llegar a la sala de espera de Teatrex. Se lleva a un niño por delante y empiezan las quejas. Una: el dueño de la chocolatería. Dos: la encargada de la joyería que queda a mitad del pasillo. Tres: el dueño de la tienda de esculturas que nadie compra. Sale la mujer que está de guardia para unirse a la caza…, sale a servir para algo, pues. Se nota la impresión de la gente que está esperando a su función apenas llega el perseguido. Bien, ya llegue hasta acá, ahora para el final del performance

            -¡Ya, vale, para! –grita el cazador. Ha alcanzado a su presa, no tiene más escape. Pero este, en vez de acorralarse, decide enfrentarlo y lo apunta con su mano, como si fuese todo un juego de niños. Se detienen. El cazador, apuntado, se echa para atrás lentamente. La gente no comprende lo que está pasando; después de todo, ¿quién atenta contra la vida de otro con una mueca infantil de manos?

            Sigue…, lentamente…, apuntándolo con determinación… Pero  llega la señora que está de guardia y agarra al ex-perseguidor.

            -¿Pueden explicarme qué es lo que está pasando? Ya he recibido demasiadas quejas, tendrán que irse del centro comercial –dice la señora lentamente, con una de esas voces nasales que solo causan tedio y rabia.

            -Ah, no, señora, perdón. –dice el chico de la “pistola”. –La cosa es que somos artistas –performers, mejor dicho-, y queríamos intentar un acto ahí para ver cómo la gente reaccionaba, pues.  Verá, se suponía que al llegar hasta acá, yo le caería a tiros imaginarios a mi amigo y él se haría el muerto; luego de esto, yo correría hacia él, asustado por lo que he hecho, diciendo algo como “¡no! Fue sin querer, creía que los disparos eran de mentira”; él “despertaría” luego, bostezando, preguntando en alto “¿qué pasó?” o algo por el estilo; yo me alegraría de no haberlo matado de verdad, así que lo ayudaría a levantarse y luego nos alejaríamos de la escena, como si nada hubiese pasado.

            La ignorancia de la guardia no le permitía entender plenamente lo que estaba diciendo. Era una mujer que nunca se había interesad por el arte ni la imaginación; ni siquiera conocía el significado de la palabra performer. Para ella, un acto “autista” como este era una infantilada, una estupidez de niños gafos. Se le quedó mirando, pues, luego de haber oído todo el cuento del perseguido, no tenía palabras para responderle. No es que estaba impresionada ni nada, sino que no sabía por qué estaba allí oyendo aquellas cosas. Creía que su trabajo consistiría en algo más serio.

            Pero esa lenta e inexpresiva mirada únicamente lograba desesperarlo, haciéndole pensar que la mujer no había entendido bien que quiso decir. Así que el corredor puso su mano en forma de pistola y se la apuntó.

            -Así, ¿ves? Se suponía que haría esto y…¡piu, piu, piu! Dispararía con tod… ¿Señora, está bien?

            Cayó al suelo; sus ojos completamente abiertos y su cara llena de sufrimiento. ¿Será que nos está jodiendo?, pensó el ex-perseguidor hasta tomarle el pulso. No, no estaba jodiendo, había muerto. ¿Quién lo habría pensado? Unas balas inexistentes atravesaron su cuerpo, hiriéndola de muerte.

            Parece que, al final, el performance terminó causando el impacto deseado.

Por Carlos Egaña

@egamanww

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