Pluma creativa

Lo que viene

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Se siente la incertidumbre entre sus pechos, recién inflados por la naturaleza.

Se deja acariciar el rastro de su vínculo materno, un ombligo pequeño y deforme que dejó de ser la burla de la familia desde que allí también se siente el nuevo nexo de su carne.

No sabía si era necesario decir que ella no lo había querido así, pero nunca dijo nada para no cometer el error de divagar en las lagunas secas de su voz.

No sabía si era correcto desear otro motivo, otra luz menos comprometida con la vida de  otro ser, que llevaría el nombre de Ezequiel porque era una forma locuaz de recordarle que fue su primer amor.

No entendía las razones por las que debería sentirse afortunada, porque aquella tarde tenía antojo de limonada y hacía un frío invernal que le congelaba los cabellos mojados, por el último baño de mieles y sales. Otro de sus caprichos.

Pero todos contentos reían y bailaban su nuevo amor, que sería pequeño y hermoso, pero los elogios le sabían a ignorancia y a seca dejadez.

No había forma de saber qué pasaría luego, y eso la desvelaba todas las noches y la hacía sudar en todas las siestas.

Pero sí era cierto que, cuando se acurrucaba sola con su abultado cuerpecillo de dama antañona, sentía que allí estaba su felicidad. Juntos los dos, un ser que vendría y otro que lo esperaba. Solos los dos.

Y así, confiando en los artificios de lo que “debería ser”, aceptó sin rabia ni premura lo que viene.

Por Indira Rojas

@Indirojas

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