Pluma creativa

Del más allá

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Cruzó la estancia. Dejó ver primero sus manos y se arrastró por las sombras. La primera sensación fue: es inaguantable.

Le dijo “no gracias” cuando le ofreció su mano para bailar. Sin ofenderse, le habló de su pasado y ella accedió a seguirle la charla.

Le habló de los campos, de los campos detrás de su lente que acogía los paisajes como los atardeceres que dejan su luz sobre los edificios.

Le respondió los chistes con nuevas historias de una prima lejana que se dejaba engañar con los caramelos de jabón, jabón de la abuela que vivía en el rancho.

Contó sus travesuras de adulto, como si fueran las más inocentes; inocentes encuentros con los rostros que había visto de mujeres, que le parecían los más bellos.

Y después, cuando dejó de ocupar la oscuridad, la fealdad era solo un viejo cansancio que le impedía ver a su amigo del más allá.

Después de la intimidad, la oralidad es una puerta a los placeres que se esconden en almas grotescas.

Por Indira Rojas

@Indirojas

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