Pluma creativa

SI NOMÁS YO FUERA PEDRO INFANTE

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1.un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser

humano sufra daño

2.un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos,

 excepto si las órdenes entran en conflicto con la Primera Ley

3. un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección

 no entre en conflicto con la Primera Ley o la segunda

(Isaac Asimov: las tres leyes de la robótica)

 

A Eduardo Liendo

 Para ser honesto, a veces me siento quijotesco, pero sé que si saliera a cabalgar por el mundo como un caballero andante,  pos ya no dirían que soy loco, sino un pinche pendejo. Nomás sería el hazmerreir de esos chingados robots, y especialmente de mi jefe, uno de esos modelos TX-2070, que me recuerdan que Einstein tuvo razón cuando dijo que sólo estaba seguro de la infinitud de la bobería humana, pero no de la del universo. ¿Qué chingada mente monstruosa pudo darle tanta inteligencia a esos latones andantes? ¿Qué derecho se abrogó para lanzar por el guáter miles de años de supuesta evolución de la mente humana? ¡Híjole!  No es cosa de enchílame otra. La semana pasada, por darle un ejemplo ahí no más,  mi jefe me sometió a las mismas chingaderas acostumbradas desde que los robots tomaron control de las cosas, disque siguiendo las leyes de la robótica (que ya se me hacen que son las chingonas leyes de Herodes). Martín, que así se llama (sólo falta que diga que le pusieron el nombre de su santito), me observó detenidamente con su mirada requetepenetrante luego de que había ido al guáter y me ordenó en público “Beto, no más límpiese un tantito el trasero que la higiene es un mandamiento ineludible en este trabajo”. Bien sé que la montaña de latas me declaró la guerra desde el día que me conquisté al mujerón requetechulo que tiene por secretaria, una humana que, para su chaparra suerte, aún conserva y responde a los instintos más primitivos y padres de la raza humana, porque está de más decir que mi jefe apuesta a ser el Giovanni Casanova del futuro, pos un Hugh Hefner moderno. Hace dos días, fecha de mis santos, calculador de las humillaciones que se le pueden infligir a un mero macho, el endemoniado TX-2070 llevó a cabo una de sus más chingonas estratagemas: se acerca donde me encuentro celebrando con mis cuates y , haciéndose el pendejo,  me pregunta que cuántos años cumplo, y yo ahí vengo y le digo que cuarenta no más y él me advierte que ya estoy en edad de visitar a un médico de esos que lo encueran a uno y le revisan a uno sus partes sagradas, a un pinche urólogo, disque para que me practique un riguroso examen de próstata y recomendó, él que se la da de muy chingón, a otro robot cuate suyo experto en el área. Eso da tanto coraje como que los pinche gringos nos chinguen ahora con Cancún. ¿Cómo la ves? ¿A quién chingados se le ocurrió darle requeteinteligencia a estas monstruosidades con dedos de hierro pero no inventar  nuevos instrumentos para curar las enfermedades humanas? Ese día, de regreso a casa levanté la mirada hacia nuestra Lupita y exclamé con un dolor de perro atropellado “si nomás yo fuera Pedro Infante”

Por Maikel Ramírez

@Maikelalexander

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