¡A escribir!

Perdidos en Frog (2013), de Jesús Miguel Soto

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En la solapa del libro, sobre un dibujo siniestro que se extiende por toda la tapa, leemos que el joven escritor venezolano Jesús Miguel Soto ha acumulado varios e importantes premios hasta llegar a este, su primer libro, volumen volcado hacia el género cuento, publicado por la cooperativa editorial Lugar Común.

Perdidos en Frog se compone de quince relatos, que van precedidos de un prólogo que sugiere unas coordenadas para orientar la lectura que se emprende, pero que, en última instancia, le delega al lector cualquier orden clasificatorio e, incluso, le aconseja el abandono del resto de la lectura para que se deleite en el placer de las “incógnitas no resueltas”, sabía invitación para hacer al lector más reacio partícipe de la obra literaria.

En todo caso, haciendo muy mío el planteamiento del prólogo, empiezo por llamar la atención sobre un conjunto de cuentos cuyos personajes centrales son niños, piezas que prueban el horror en sus distintas variantes, que nos hacen atestiguar una muerte atroz, como en esa pesadilla titulada Uno de muchos posibles atajos, hasta Perdidos en Frog, universo extraño y cerrado sobre sí mismo que nos recuerda al clásico videojuego Silent Hill. Tras leer estos relatos, sin embargo, persiste una sensación de un plus de significado que se nos escapa, algo que no terminamos de aprehender.  Para decirlo con un ejemplo, tenemos la sensación de que el problema en el relato Perdidos en Frog no es el arrollamiento  accidental del niño ni que la mujer haya mantenido el hecho en secreto, sino algo que está por encima de todo eso.

Entre otros temas adicionales, este primer libro de Soto se pasea por historias de resonancia política (La república de Fenelly), el destino inevitable y el crimen, en un cuento que evoca al Wilde de El crimen de Lord Arthur Saville (Historia sobre Malone), la intolerancia absurda (El loco) y la crítica literaria (Alguien llamado Jones). La prosa de Soto descolla, principalmente, en unas piezas configuradas con precisión, que funcionan como un engranaje sólido, donde cada palabra parece encontrar su lugar tras ser colocada como la pieza de ajedrez asegurada sobre el tablero. Notemos que, por poner un ejemplo, aunque nos adelantemos al desenlace fatal de Uno de muchos posibles atajos nunca abandonamos el texto por su tensión en aumento, y porque, además, su narrador trágico es nuestro marco de referencia dentro de la historia.

La historia literaria conoce de numerosos escritores que tras varios ensayos crearon un mundo de ficción con un orden propio. Allí está Alberto Hernández, con su Galina, Gabriel García Márquez, con su Macondo, William Faulkner, con su Yoknapatawpha; y J.R.R. Tolkien, con su Tierra Media. A la par de esto, la separación con las coordenadas del mundo real puede abrir la posibilidad de que la literatura fantástica explore aspectos ignorados por la literatura realista. Así, no hay nada de equívoco en aseverar que, con Perdidos en Frog,  Soto sabe perfilarse en ambas tradiciones literarias.

Por Maikel Alexander Ramírez

@MaikelAlexander

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