¡A escribir!

Snuff

soilder down

Mayo, 1998. Caminaba a través del monte y las piedras cuando decidí que era hora de darle una ceremonia adecuada a uno de mis soldados. Había muerto antes de tiempo. Aunque a veces creo que todos morimos antes de tiempo.

Era mi mejor soldado. Había librado batallas contra gigantes, animales, derrumbes y malcriadeces, falleció quizás por esta última. Dicen que la muerte de alguien es oficial, cuando los que estamos vivos la aceptamos. Yo había aceptado que mi soldado debía descansar.

Tuve que introducirme en lo más profundo de lo salvaje. Me hacía camino entre piedras y lodo, castillos de rojas y ramas con espinas. Después de unos minutos encontré el lugar perfecto; Empecé a cavar un hueco y pude ver gusanos salir, los golpeaba con una piedra y se convertían en puré. Cuando el hueco fue lo suficientemente grande, la ceremonia estaba por empezar. Acosté a mi soldado, pensé en colocar su fusil a su lado, como había visto en otros funerales de soldados, pero el arma estaba adherida a sus manos. El puño cerrado y el dedo en el gatillo. No podía hacer nada con respecto a eso. A los minutos, pude sentir una mirada fija en mí, una respiración caliente en mi cuello, traté de no prestarle mucha atención, era un funeral en lo salvaje, todo era posible. Continué con lo mío.

Traté de decir algunas palabras pero no nació nada. Estaba enterrando a mi mejor amigo, mi mejor soldado y no salía ni una palabra. Me molesté, me molesté como nunca y hasta el día de hoy pienso en eso.

Es difícil de admitir, pero empecé a destrozar a mi soldado. No sabría explicar el por qué, a veces creo que simplemente estaba molesto. La única pierna que le quedaba la destrocé con una piedra. Le arranque la cabeza, le mordí la mano que no tenía arma y le borre los ojos raspándolos con las uñas.

De pronto escuche un sonido. Al voltear, mi abuelo estaba ahí, viéndome a través de su lente. Había visto todo, me había visto convertirme en una especie de Charles Domery. Había grabado toda la masacre a mi soldado con su Canon UC1 8mm.

Me enojé tanto que solté todo y empecé a correr fuera de lo salvaje, pero a los segundos me tropecé. Cuando abrí los ojos estaba cubierto en sangre, me había abierto la frente en dos contra el suelo de concreto del patio. Mamá escuchó el alboroto y salió de casa a buscarme, me llevo adentro para curarme. Mientras me alejaba en los brazos de mama, entre lágrimas, abuelo seguía grabando todo, como una película Snuff.

No volví a ver nunca más a mi soldado o a lo que había dejado de él.

Por: Joey Rego @RegoJoey 

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