¡A escribir!

El país sin bitácora, por Laurin Isabel Bello Gutiérrez

El país sin bitácora

Por supuesto que hay un país hermoso, detrás de esa fachada de ranchos, escasez y violencia. Por supuesto que hay un gentío lleno de risas, amor y ritmo detrás de las decenas de muertos diarios, detrás de las colas de Mercal. Y por supuesto que hay buenas intenciones detrás de esa fachada de dárnosla de vivos.

Venezuela tiene el Salto Ángel: una de las caídas de agua libre más impresionantes del mundo. A una ciudad como Caracas, por ejemplo, hay que ponerle el oído al tambor, y no los ojos. A un pueblo como Barlovento hay que ponerle las manos encima y sentir la vibración de las caderas al rito del “Leo-leo-le”. A Mérida hay que descubrirle la piel, y sentir el frío que se mete hasta los huesos, para luego tomarse un “calentaito” en la punta del Pico Bolívar, y llenarse de plenitud. Al Parque Nacional Morrocoy, póngale la cara de frente al sol, navegue por sus islas, y piérdase, por favor.

A Canaima dele el 100% de sus sentidos, y vaya solo, porque “quienes van en pareja se regresan peleados”, dicen los nativos, y yo lo confirmo; hay un ensimismamiento tal, que el otro se siente abandonado y viceversa, no hay tiempo para dos, ese es un espacio para la introspección, porque sin duda alguna, ahí hay un Dios, y estar ahí es darle la mano a ese Dios.

He escrito y dicho tanto de mi país, he tratado de explicar de mil y un maneras lo especial que es ese país llamado Venezuela, pero siempre me faltan palabras o expresiones que expliquen lo que llevo dentro, porque los idiomas parecen escasos ante la inmensidad de un país chiquitico pero con demasiada grandeza.  En Venezuela, todo es a lo grande, resumo siempre.

Hace unas semanas vi una entrevista de la mujer que quizá me hizo “turista en todas partes”, como siempre me describo, Valentina Quintero. Su Bitácora no me lo perdía nunca, y si por casualidad teníamos que salir y no podía verlo, hacía que mi papá conectara el VHS al televisor con una película en blanco, y me lo grabara, por favor. Era como ver uno de esos programas donde viajan por el mundo;  pero lo maravilloso, es que ese mundo era Venezuela, ahí mismito, a pata e’ mingo. Lo veía ensimismada frente a la pantalla, soñando con que llegara pronto mi adultez, llenar una maleta de cosas útiles y partir a la aventura de recorrer Venezuela a pie.

Y ese día llegó, no tan exacto como en mis sueños, llenos de datos muy específicos de Valentina. Pero llegó, y recorrí gran parte del país en carro con mi familia, tan aventureros como yo. Y al Salto Ángel sí me fui a pie, pero no sola, con mi mejor amiga, error: duramos más de una semana peleadas.

En fin, la entrevista de Valentina Quintero en Globovisión me hizo llorar, como a ella, y como a la mayoría que ha visto dicha entrevista. Ella pone en palabras, lo que muchos no hemos podido describir: parece que dejamos de amar al país, ya no se puede hacer turismo sin que la hazaña se convierta en pesadilla. Las carreteras, los accidentes, el mal trato, los precios, la basura y una lista interminable de cosas que nunca aparecían en la cinta en blanco que mi papá me dejaba grabando.

Es como si el arraigo que Bitácora producía en nosotros, se fue con el programa, y con él nuestro amor a esa tierra tocada –sin duda- por la mano de algún Dios.

Haciendo una búsqueda rápida en Internet, me encontré con un espacio abandonado en Vimeo, en un intento de Valentina Quintero y de su producción de poner Bitácora online, por y para todos los que lo añoramos, y sobre todo, por y para los que no lo conocieron. El espacio tiene 1 like, esto no solo me dolió, sino que más bien me ofendió, porque en un país donde todo el mundo tiene un Smartphone, y le conoce la vida y obra a las Kardashians, hay millones que no conocen a Valentina Quintero, hay millones que no saben lo que es conocer Venezuela tras el lente de Bitácora, uno de los programas de mejor calidad de la televisión venezolana, en décadas.

Dígale a su página de Google que le oriente en la búsqueda de un poco de arraigo nacional. Dígale a Valentina que la conoce, dígale a Bitácora que es su nuevo programa favorito, dígase a usted mismo que no es sólo venezolano por el numero de cédula que porta, sino porque el pecho le late duro cuando escucha caer agua desde esos 979 metros que forman al Salto Ángel. Dígale al mundo, que por supuesto que hay un país que se llama Venezuela.

Por Laurin Isabel Bello Gutiérrez

@LaurinIsabel

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s