¡A escribir!

Óscar y las mujeres (2013), de Santiago Roncagliolo, por Maikel Ramírez

oscar
“Abro la mano y estiro los dedos
guardo mi puño de tensión
con la sonrisa bien marcada me recuesto de la almohada
a olvidar mi dolor”

(Sentimiento Muerto: Culebrón)

En su celebérrimo ensayo El arte de la novela, Milan Kundera nos recuerda que los primeros creadores y lectores de la novela moderna no esperaban que este género calcará la realidad, sino que, antes bien, priorizaban la diversión, el asombro y  el encanto. En una palabra, la novela moderna era entretenimiento en su sentido más convencional. No obstante, prosigue Kundera en tono de aclaratoria, el entretenimiento no excluye la seriedad. A todas luces, Óscar y las mujeres, nueva novela del escritor peruano Santiago Roncagliolo, publicado por Alfaguara, es ejemplar de lo que el escritor checo estima.

Esta pieza ficcional nos cuenta la vida de Óscar Colifatto, un guionista de telenovelas que atraviesa un periodo de sequía creativa, porque el amor por su pareja,  Natalia, ha mermado. Por eso, su amigo y productor Marco Aurelio Pesantes, millonario ramplón, embaucador y casanova, decide contratar prostitutas para que Óscar recobre la inspiración necesaria para escribir la nueva telenovela que está en inminente marcha. Desde entonces, en su camino por recuperar el estatus de “dios Eros del culebrón latino”, como lo etiqueta Pesantes, Óscar se verá involucrado en una serie de infortunios, malentendidos y delirantes enredos, que dan paso a la posibilidad de un amor en medio de una situación sumamente patética.

Podemos Juzgar a Óscar y las mujeres de metaficcional en tanto da pistas sobre cómo una telenovela se configura internamente y funciona a nivel pragmático. Por poner un par de ejemplos, en primer lugar, nótese que las partes de los guiones que Óscar elabora son marcados con la típica letra Courier y, en segundo, que puede manejar la vida de sus personajes a su antojo sin reparar en inconsistencias y en cualquier desmadre que le pasa por la mente (un personaje puede morir y aparecer en capítulos posteriores, como si nada hubiese ocurrido). El procedimiento del que dispone Roncagliolo tiene su paragón en el video musical del tema Long road to ruin, de Foo Fighters, a saber, parodiar los mecanismos de funcionamiento de una telenovela. En este video de similar corte metaficcional, encontramos a Dave Grohl representando a un actor dentro y fuera de una telenovela (soap opera), que oscila entre lo recio y lo cursi, y donde también encontramos al resto de la banda dando cuerpo a los personajes estereotipados de dicho género.

Es imposible dejar de ceder a la tentación de mencionar un antecedente magistral sobre los entresijos de las telenovelas, Rating, del escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka. En rigor, el asunto de esta novela es la creación de un programa para recobrar el rating que una canal de televisión ha dejado escapar. El resultado inicial es un reality show protagonizados por unos mendigos que deben competir para acreditarse una casa, pero la posibilidad de que grupos de derechos humanos manifiesten su rechazo lleva a los creadores a sustituir aquellos participantes por damnificados por las lluvias. De allí en adelante, Barrera Tyszka expone magistralmente cómo se gesta y funciona una telenovela, porque, a fin de cuentas, el reality show echa mano de los personajes encasillados de las telenovelas. A diferencia de la novela de Roncagliolo, donde predomina el asunto existencial de sus personajes, Rating acusa el problema de la ética cuando se persigue ganar puntos de audiencia.

Aparte del irónico epígrafe de Woody Allen que encabeza las primeras páginas de la novela, es lícito establecer un paralelismo entre Óscar y las características de algunos de los personajes encarnados por Allen: hombres neuróticos, aislados, desafortunados e incapaces de sostener una relación de pareja estable. Se me ocurre que Óscar compone una figura semejante al Harry del filme Deconstruyendo a Harry, obra genuinamente desternillante, pero cuyo final, cuando Harry deriva hacia su soledad, es harto apesadumbrado. Y es allí cuando las palabras de Milan Kundera sobre la diversión y la seriedad, citadas al inicio de esta nota, cobran completo sentido.

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