¡A escribir!

‘Todo lo que muere’ de John Connolly, por Victor Alejandro Burgos

todo lo que muere

Porque yo soy todo lo que muere…

y heme aquí reengendrado.

 De ausencias, sombra, muerte, cosas

que nada son.

John Donne

Charlie ‘Bird’ Parker es un policía de Nueva York. Alcohólico y con un matrimonio venido a menos, empieza a configurarse en el personaje de Connolly, uno de los puntos principales del antihéroe de la novela negra policíaca: un hombre bueno en decadencia. El segundo punto, diría yo, es la borrosa pero latente frontera, laxa y flexible, entre el Bien y el Mal. Y aquí no me refiero a las buenas o malas acciones que podemos emprender hacia otros o a favor y en contra de nosotros mismos. No, acá hablo de fuerzas milenarias, desconocidas e indómitas, sólo sospechadas en nuestro mejor intento de apreciarlas. Pulsaciones tan poderosas que tuercen la voluntad del hombre distraído, que nublan la razón del individuo ofuscado, que justifican cualquier acción antes de que muerda el remordimiento. Estas fuerzas son las que impulsan a los asesinos del mundo, a los buenos samaritanos y al ciudadano corriente que esconde en su interior a ambos seres, hambrientos cada uno de sus propios actos. Bird, como sólo le dicen sus amigos, es víctima del suceso detonante que mezclará en su cuerpo estas dos sustancias, sobrecargando su organismo como el drogadicto que se satura de alguna droga. Luego de una discusión con su esposa, se larga a un bar a esperar que los ánimos se enfríen. Se emborracha y de camino a casa no sospecha que encontrará a su esposa e hija brutalmente asesinadas. Aquí, el punto de quiebre. El hombre se rasga en dos como una estructura de papel, se desmorona carente de cimientos, de moral, de principios. Emprende una cruzada, cree él, de venganza, en busca del hombre que ha asesinado a su esposa e hija. Pero en realidad, como todo penitente, busca expiar una culpa que lo consume, que lo transforma de tal manera que lo hace capaz de asesinar con sus propias manos a un chulo de baja monta. En busca de un asesino, él mismo se convierte en uno. Para dar caza a un monstruo, debes transformarte en uno, dicen.

Connolly logra crear el ambiente perfecto para una novela de estas características. El resto de los personajes son también inolvidables. Incluso, logra encajar con magistral destreza un tema sobrenatural que le da un vuelvo insospechado a la novela. Una lectura que recomiendo ampliamente y de la cual es muy difícil despegarse.

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