¡A escribir!

La más fiera de las bestias, de Lucas García: el deseo en el contexto social venezolano, por Maikel Ramírez

la mas fiera

“la historia está hecha de gente muerta y el futuro de gente que va a morir”

(Rubem Fonseca: El cobrador)

Observa el escritor español José Ovejero en su ensayo La ética de la crueldad que el asesinato de Hitler y sus subalternos en uno de los segmentos de Bastardos sin gloria, filme de Quentin Tarantino, se debe a la satisfacción de un deseo de justicia histórica, antes que a un reclamo de la representación ficcional por tener la misma legitimidad de la que disfruta la realidad. Desde esta perspectiva, Tarantino le ofrece al espectador un momento de catarsis por un hecho que jamás experimentará en el mundo real. Este aspecto parece ser de suma utilidad para acercarnos a la novela La más fiera de las bestias, obra del joven escritor venezolano Lucas García.

Esta novela nos cuenta la historia de Sebastián Márquez, hombre que despierta sin recuerdos en la lúgubre habitación de un lugar clandestino, sitio donde torturan salvajemente a quienes han cometido crímenes. Luego, con todo y los dispositivos de seguridad que abundan en el recinto, Márquez escapa y termina uniéndose a una banda delictiva. El fugitivo descubrirá su verdadera identidad de exmiembro de un cuerpo élite encargado de propinar un castigo severo a aquellos criminales que la ley dejaba libre impunemente, así como que ingresó a aquel lugar de tortura por decisión propia, ya que su esposa y su hija murieron en un accidente automovilístico cuando trataban de huir tras haber descubierto su oficio clandestino.

Semejante al caso expuesto por Ovejero, La más fiera de las bestias, novela hija de su tiempo, como suele ocurrir,  es, a mi entender, depositaria del deseo colectivo por justicia que surge ante el maltrecho aparato judicial real. Dicho de otra manera, la novela de Lucas García materializa un deseo con el que coquetearía una persona que sea sometida a cualquier flagelo que quede impune. Dicho sea de paso, esta idea de justicia personal ya se encuentra esbozada en el brillante cuento Nocturno, contenido en el volumen Payback, que Ediciones Puntocero le publicó a Lucas García en 2009.

La genialidad de García estriba en la novedad y en la eficaz combinatoria cantidad-calidad del castigo que se les suministra a los criminales, lo cual consiste en una rigurosa evaluación de la salud de cada prisionero, tecnología del cuerpo humano que le permitirá a los torturadores saber cuánto maltrato físico puede resistir su víctima, puesto que el objetivo es hacer de la carne un despojo de manera lenta y gradual. De nada serviría asesinar a las víctimas en un primer momento, pues estas deben sufrir repetidamente la agonía, experimentar el trauma una y otra vez, casi eternamente. A continuación, reproduzco dos fragmentos de la novela que, aunque un tanto largos, son sumamente reveladores de las clases de torturas y de los sentimientos de la triada víctimas-delincuentes-torturadores:

“Entonces el doctor me marcó el tobillo con un marcador y sacó una especie de serrucho médico. Una mierda niquelada enorme. Brutal. Mientras el viejo Bianchi miraba, el doctor me serruchó el pie izquierdo. Así mismo, broder. Me serruchó el maldito pie izquierdo. Como si fuera un pedazo de madera. Yo estaba todo amarrado y me habían dado algo para que no ofreciera resistencia. Alguna droga, no lo sé. Pero estuve consciente durante todo el tiempo. Todo el puto tiempo. Lo sentí, broder, lo sentí. Grité como un maldito. Los cabrones tenían todo preparado y me hicieron un torniquete, impidieron que me desangrara como un cerdo. El viejo Bianchi me agarró el pie y me lo puso en las narices, como si me mostrara un zapato. Lloraba. Lloraba como una madre. Me dijo que ahora yo tenía una idea de lo que él sentía. Lo que era ver como alguien salía de la nada y te quitaba a tus hijos. Te quitaba un miembro de tu cuerpo. Pensé que iba a morirme”

 “Lo habían vuelto a poner, broder. Estaba cosido y tal, pero era mi pie. El doctor dijo que no iba a recuperar mi movilidad normal pero que en unos meses iba a estar caminando. El viejo Bianchi seguía calmado. Me dijo que yo había empezado a entender. Que tenía una vaga idea de lo que había hecho. Que no era suficiente, pero era un comienzo.  Tendríamos que hacer esto otras veces hasta que lo comprendiera realmente. Hasta que lo comprendiera realmente”

Se nota que el título que encabeza la novela del escritor venezolano tiene plena coherencia con la trama que propone y, por qué no, con ese nivel extratextual al que he hecho referencia. Digámoslos así por fatal que suene: el  que las leyes abandonen a sus ciudadanos a un estado de indefensión se manifiesta en la aplicación de la justicia por mano propia, una situación en la que el orden simbólico humano ha fallado y se abre paso al animal más instintivo y feroz.

@MaikelAlexander

           

 

 

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