¡A escribir!

La juventud eterna de Francisco Massiani, por Diosceline Camacaro Martínez

 

Piedra de mar

 

 

Estoy en la playa. He vuelto al mar. Escribo en un cuaderno que me traje. Me cuesta un poco escribir porque tengo sueño. Kika me dejó y se fue a Caracas. Yo me quedé, y mañana la veré. Ojalá llegue temprano. Me gustas mucho, Kika. En serio. Pero antes que nada voy a contar lo que sucedió el domingo por la noche.

Piedra de Mar

 

Cuando llegó a mis manos por primera vez Piedra de Mar tenía aproximadamente 13 años, mi padre me la recomendó e insistió que la leyera. Por aquellos días y para ser sincera necesitaba conocer, y hoy aún más, autores venezolanos. Y entonces así en el mejor momento conocí a Francisco Massiani, quien se presentó como “Corcho”a través de una vida fresca, “caraqueñísima”, enamoradiza, genuina, cargada de infortunios adolescentes.

Lo encantador de “Corcho” es su sencillez, su habla desenfadada, su ternura y celos, el humor, la chispa y  como se tortura pensando en el amor núbil de “Kika”. Él enseguida se hizo  tan cercano, familiar, que lo comparé con mi padre según lo que éste último me relataba de sus adolescentes tragicomedias cotidianas entre Sabana Grande, Chacaíto y otros espacios de la ciudad capital.

Pero estas líneas se plasman no para hablar de mi padre, sino de Massiani el autor que me ayudó a entenderlo, un hombre que ya no tiene los 24 años que contaba cuando escribió “Piedra de Mar”; que vale resaltar tiene la mayor cantidad de reediciones de Monte Ávila Editores Latinoamericana desde que  fue publicada originalmente en 1968, sino uno de barba blanca y la madurez de los 70 años que cumplió en este  mes de abril y  que lo impulsan a redactar más  historias mozas en  su máquina de escribir portátil, Aiko 5030.

Piedra de Mar, esa humilde  piedra  que funciona como hilo conductor en la novela, la encontramos en nuestras caminatas cerca  de la orilla de una playa  en compañía  de  amigos y  también al recordar la  entusiasmada  adolescencia, “la piedra, guardada en un bolsillo, es la esperanza frustrada, el amor sin respuesta, el dolor de ser joven, la vida sin sentido, la inocencia, la búsqueda y el llanto”, que supo definir Orlando Araujo en su libro “Narrativa venezolana contemporánea”, y que ha cambiado la vida de lectores y escritores de nuestro país.

Hablar de Massiani es hablar de un eterno joven, sus obras son claros testimonios de pasión  por la vida, fuerza, rebeldía. En ellos se aprecia la parodia, los modos de hablar  y  también la desgracia, que se valora  por ejemplo  en  Piedra de Mar: “sucedía que tú de pronto te sentías rechazado por la especie humana. Como apartado de tu propia raza, sin saber exactamente cuándo y cómo habías comenzado a sentirte tan solo”.

Juan Liscano describió, “hay un apasionado deseo en Massiani, de ser verdadero, de afirmar la literatura en la vida, de transparentar la vida  en la literatura”. Y de ello no tengo duda porque cuando lees  a Massiani  sufres con los personajes, los amas, odias, respiras con ellos, caminas, fracasas, luchas, te ríes  y hasta  lloras.

Un autor que no ha tenido miedo de escribir desde sus entrañas, de revelar su agresividad desplazando todo truco asfixiante riguroso, para dar paso a la libertad de contar lo que ha querido como lo ha querido. Entonces ¡bienvenidos esos 70 años, Pancho!

@dioscemartinez

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