¡A escribir!

Edipo Alcalde: Gabriel García Márquez guionista, por Maikel Ramírez

edipo

“Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos”

(Doce cuentos peregrinos)

Cuando repasamos la vida y obra de Gabriel García Márquez, somos cautivados de inmediato por la convicción y entrega con las que asumió las diferentes disciplinas  que no eran parte de su formación académica: la literatura, el periodismo y, la faceta que me propongo comentar, el cine. Todo esto es cierto: (a) una pesquisa por Internet nos ofrece un conjunto de fotografías que son testimonio de que García Márquez mimaba y se dejaba mimar por personalidades relacionadas con el arte cinematográfico. Al bonachón escritor lo acompañan, entre otros, Luís Buñuel, Pino Solanas, Geraldine Chaplin, Tomás Gutiérrez Alea, Roman Polanski,  Alejandro González Iñárritu, Víctor Gaviria y Werner Herzog. Para complementar esta búsqueda, siendo el caso que  tengamos al guionista y crítico de cine Frank Baiz Quevedo entre nuestras amistades de Facebook, sugiero que echemos un vistazo a las fotos que ha colgado en su muro, en donde él y otros estudiosos de cine aparecen junto a Gabo.

(b) Varios de sus cuentos y novelas han sido adaptadas a la gran pantalla: El mar del tiempo perdido, por la venezolana Solveig Hoogesteijn; El amor en los tiempos del cólera, por Mike Newell; El coronel no tiene quien le escriba, por el director mexicano Arturo Ripstein; Memoria de mis putas tristes, por Henning Carlsen; y Del amor y otros demonios, por la costarricense Hilda Hidalgo, entre otras tantas. Quizá esta anécdota que comparte José María Paz Gago con nosotros nos permita fantasear sobre la posibilidad de que algún día se lleve al cine la que es considerada su obra maestra: “El único productor y director al que García Márquez cedería con gusto los derechos de Cien años de soledad sería Francis Ford Coppola, a quien quiso convencer de ese ambicioso proyecto su director de fotografía en Apocalypse Now. Escritor y cineasta se conocieron en el verano moscovita de 1979, momento en el que conversaron sobre el tema, aunque Coppola no pareció manifestar interés por el proyecto”

(c) García Márquez fundó escuelas de cine, asistió a festivales y a premiaciones y dictó talleres sobre cómo escribir guiones, en donde, dicho sea de paso, se formó la escritora cubana Wendy Guerra. Por si fuera poco, su hijo Rodrigo García se ha convertido en un director con una carrera brillante, si no  veamos su filme Albert Nobbs para ir haciéndonos una idea de lo que este cineasta nos ofrecerá más adelante.

(d) y a lo que vamos, García Márquez, como su admirado maestro William Faulkner, elaboró guiones para varias piezas fílmicas. Ahora, nos centraremos en Edipo Alcalde, del  director colombiano Jorge Alí Triana, obra que no sólo es una prueba de ese otro oficio del fabulador colombiano, sino que, por igual, explora una serie de temas presentes en su vida y en sus piezas literarias.

Estrictamente hablando, Edipo Alcalde repite el esquema de la conocida tragedia de Sófocles: Edipo (Jorge Perugorría) regresa a su lugar de origen tras vivir con unos padres adoptivos hasta la adultez. En el camino, asesina a Layo, su verdadero padre, y convierte a su madre Yocasta (Ángela Molina) en su mujer. Revelada la horrible verdad, el parricidio y el incesto, Edipo se sacará los ojos y se condenará a sí mismo a deambular en el ostracismo. Se cumple así el trágico destino de Edipo.

El Gabo solía contar que Edipo Rey era una de sus historias favoritas. El asunto se remontaba, según lo expresaba el propio escritor, a un reproche por parte de un amigo, quien aseguraba que para ser un intelectual había que conocer las tragedias de los griegos. Un día este mismo amigo le prestaría varios libros sobre tragedias griegas y la primera que el escritor leyó fue el Edipo Rey de Sófocles. Desde entonces, García Márquez regresaba con frecuencia a la desdichada vida de Edipo, al punto que llegó a sabérsela de memoria.

Por otro lado, la tragedia de Edipo Alcalde transcurre en un ambiente que angustiaba sobremanera a García Márquez: un poblado de la zona fuera de la influencia del Estado Colombiano, donde el ejército, la guerrilla y los paramilitares libran un combate de exterminio. De hecho, Edipo acaba con la vida de su padre cuando dispara contra el vehículo donde llevan a Layo secuestrado, tema que, cabe recordar, es medular en su libro Noticias de un secuestro, publicado en 1996, el mismo año en que el filme de Triana aparece. Lo trágico, por tanto, no se restringe a Edipo, sino que se extiende a toda la gente del pueblo.

Esta dimensión violenta de la cinta de Triana se enlaza con otro aspecto repartido a lo largo de la obra literaria de García Márquez: el poder, o para expresarlo con más precisión, el caudillismo. Nótese que la imagen que por diversas vías nos formamos de Layo es la del caudillo adinerado y temible  que controla la región a su antojo. Él y Creonte son quienes han reclutado campesinos para constituir fuerzas paramilitares. Como sea, el personaje que mejor describe lo que Layo representa es Tiresias. Esto es lo que el adivino responde ante el interés de Edipo por el rapto de Layo: “Es como si hubieran secuestrado a Dios”

Con su participación en este filme, García Márquez  pasaba a conformar un grupo de escritores y cineastas que exponían las diferentes expresiones de la violencia en el país caribeño, como Fernando Vallejo, con La Virgen de los sicarios, y el director Víctor Gaviria, con el tema del porvenir perdido con Rodrigo D no futuro, en los años 90´s, y que en lo que va de siglo XXI se manifiestan en las voces de escritores más jóvenes, como Jorge Franco, con Rosario Tijeras; Juan Gabriel Vásquez, con El ruido de las cosas al caer; Antonio Ungar, con Tres ataúdes blancos; y Mario Mendoza, con Satanás.

Para tomar otro ejemplo de la indiscutible presencia del Gabo en Edipo Alcalde, fijémonos que si bien este filme se aprecia de realista, no termina desdeñando la presencia de lo fantástico. Por eso, Yocasta no se inmuta ante la presencia fantasmal de Layo tocando el piano. Más aún: ella le confiesa a Edipo que el espíritu de su esposo era visto vagando aún cuando ni siquiera había muerto.

A estas alturas, confío en haber dado elementos suficientes para probar la presencia de Gabriel García Márquez en Edipo Alcalde. Estoy convencido, asimismo, de que en los próximos años presenciaremos importantes obras fílmicas por parte de quienes fueron discípulos de García Márquez. Sólo hay que esperar que dichos trabajos se cocinen a fuego lento, como suele ocurrir con muchos proyectos cinematográficos. Para ese entonces, nuestra deuda con el ciudadano más universal de Aracataca será aún mayor.

@MaikelAlexander

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