¡A escribir!

Mayra Alejandra: nuestra Carmen, por Maikel Ramírez

carmen

“She walks in beauty, like the night

Of cloudless climes and starry skies;

And all that´s best of dark and bright

Meet in her aspect and her eyes;

Thus mellowed to that tender light

Which heaven to gaudy days denies”

(Lord Byron: She walks in beauty, like the night)

“Ni hablar, mujer. No me quieres perdonar”

(Café Tacuba: El puñal y el corazón)

Haciendo una relectura del artículo Cine, literatura y sociedad (una lectura posible del largometraje venezolano de ficción), de Julio Miranda, uno se topa con una lista de algo más de cuarenta filmes adaptados de obras literarias. Resalta, de lejos, que entre estas adaptaciones se encuentran varias basadas en piezas de la literatura universal, a saber, Diles que no me maten, de Juan Rulfo; El mar del tiempo perdido, de Gabriel García Márquez y Carmen, novela de  Prosper Mérimée y opera de Georges Bizet. Convertir en imágenes visuales una obra literaria de talla universal conlleva, quién duda, serios compromisos y riesgos porque, por lo común, al menos en lo que concierne a los lectores devotos de la obra original, toda adaptación siempre estará a la sombra del texto prístino. En consecuencia,  decidir qué actor dará vida a este o aquel personaje también demanda una lectura aguda del texto fuente. Dicho esto, sin ocultar cualquier dejo de añoranza, consagro las líneas que siguen a homenajear a la recién fallecida actriz Mayra Alejandra por su contribución al cine venezolano, específicamente por su rol protagónico en Carmen la que contaba 16 años, del director Román Chalbaud, versión que contó con el guión del propio Chalbaud en colaboración con Gustavo Michelena y José Ignacio Cabrujas.

La adaptación de Chalbaud nos lleva al ascenso a Sargento del guardia nacional José Navarro (Miguel Ángel Landa), quien conocerá a Carmen (Mayra Alejandra) durante una riña que esta entabla con una clienta de la bodega donde trabaja, taguara que, por lo demás, sirve de escondite para hacer negocios ilícitos. La atracción de Navarro hacia Carmen es inmediata y rotunda. Tras un coqueteo, y bajo la condición de que éste le deje escaparse,  ella promete reencontrarse con él en el bar donde trabaja por las noches. Desde entonces, José será arrastrado fatalmente por la pasión hacia una mujer que lo lleva a perder su trabajo, lo hace inmiscuirse en el contrabando y le obliga a abandonar a su agonizante madre. Arruinado y desquiciado porque Carmen lo abandonó por un torero, José Navarro apuñala de muerte a Carmen en la plaza de toros, escena que, para hablar con franqueza, me ha conmovido desde mi niñez.

Notemos que una vez Navarro alcanza el nuevo rango, la cámara encuadra una de sus insignias y la desenfoca, para que luego veamos un plano de detalle de los labios rojo intenso de Carmen, sonrientes y provocativos, mientras los primero créditos empiezan a ocupar la pantalla. Y luego apreciamos a Carmen en close-up, hermosa y sensual, portadora de una mirada altiva frente al espejo. Las letras siguen avanzando, en tanto que Carmen mueve sus caderas entre la muchedumbre que pulula en las calles. La cámara está allí sólo para ella, para su vestido rosado, para la flor entre su desperdigada cabellera y para la gracia con la que sus pies posan los tacones sobre el asfalto capitalino.

Aun cuando esta no es una adaptación musical como la realizada por el director español Carlos Saura, Chalbaud hace acompañar a Carmen la que contaba 16 años con variaciones tropicales de la opera de Bizet. Por otra parte, Carmen baila eróticamente en ambientes rojizos e hipnóticos al ritmo de canciones populares de aquellos años 70´s, como por ejemplo: El brujo, de La Billo´s Caracas Boys; Entre tu amor y mi amor, de Felipe Pirela; Y volveré, de Los Ángeles negros, entre otros que aportan una atmósfera colorida sin igual.

Además de ese imponente sex appeal mencionado arriba, conservado aún en los momentos cuando debe presentarse deslucida (pelea en la bodega), Carmen es arrojada, festiva, dicharachera, enérgica, impetuosa y oportunista. En resumen, tiene la personalidad necesaria para conducir al infeliz José Navarro a su inevitable perdición, hombre cuyas armas y estrategias de guerra, propias de su oficio, son inofensivas ante la férrea voluntad de poder de Carmen. Ella socavará su dignidad y su hombría hasta reducirlo a la nada, apenas un pobre diablo.

Entendamos de una vez que todo esa intensidad del personaje lo supo desplegar Mayra Alejandra frente a la cámara. La actriz perteneció a esa época, hay que decirlo,  cuando tener la carta de ciudadanía como actriz de cine o de televisión no dependía de la participación en un concurso de belleza. Su talento surgió con la espontaneidad de quién lleva el oficio en las venas y recibe los estímulos de un hogar donde circulan los dotes artísticos. En cuanto a su participación en Carmen la que contaba 16 años, es menester sentenciar que el cine venezolano tendrá eterna gratitud con Mayra Alejandra por haberle legado esta entrañable femme fatale a la posteridad, nuestra Carmen.

@MaikelAlexander

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s