Edición Aniversario

[Edición aniversaria] Cuentos, por Ruth Castro

ruth

Duermes más cuando estás triste…

Llueve. Detrás de la ventana no. Detrás es otro tipo de lluvia. Brota de unos cuencos de algo que llaman cara.

Llueve afuera. Llueve adentro.

Ella recuerda una noche en la que primero no llovía.

Alguien llamó al teléfono. Ese amor, mantenido hasta entonces como un eco a la distancia. Una voz. Una pregunta.

Ella sale a la calle.

Él se impacienta, se levanta de la cama y la sigue; ha notado su inquietud.

Ella balbucea, un sí, un no, un estoy bien, pero…

El que se ha levantado de la cama pregunta quién llama.

Ella camina sin responder y sin colgar. La voz advierte el peligro. Silencio en el auricular. Ella vuelve sus pasos más largos. Quiere mantener la voz…o el silencio. La respiración a distancia también es lenguaje.

Él la alcanza. La observa con una mirada desconocida.

Ella se despide. No sólo por el auricular, también de quien tiene enfrente. Ha llegado el momento de confesar sin palabras. De narrar el último viaje con un silencio largo. Un amor. Una voz. Un placer que no puede nombrarse, que cala porque es ausencia.

Él la agita de los hombros. Necesita que hable.

No hablará. Esa historia es lo único que le pertenece.

Él le pide que vuelvan a casa. Ella mueve la cabeza con una negativa. Debe caminar. Comienza a llover. Una lluvia menudita que parece que no moja. Ella vuelve a andar. Ahora a pasos cortos.

Él la sigue sin hablar. En ese momento las palabras no tienen resonancia.

Luego de un rato él se desespera. Quisiera golpearla. Se contiene. Ella parece notarlo y retoma el rumbo a casa.

Al llegar, ella toma una almohada y se tira en el sofá. Se acerca una sábana. No se cambia de ropa. Tiene frío.

Ambos están mojados.

Él no podrá dormir. De ahora en adelante no podrá dormir.

Muy pronto ella entra en un sueño profundo, donde una voz a lo lejos la espera. Una mirada quieta la tranquiliza.

Pero él sigue sin dormir, y no permitirá que ella duerma en paz. Prende la luz. Jala la sábana que la cobija.

Ella despierta, vuelve a taparse y se cubre la cara.

Él apaga la luz. Enciende nuevamente. Jala la sábana, la toma en los brazos, la levanta a la fuerza. Ella intenta despabilarse del sueño. Él le suelta un golpe que la empuja hacia el sofá.

No dice nada. Ninguno dice nada. Él murmura “puta” por lo bajo.

Ella sonríe mientras se soba la mejilla que pronto se hinchará. Ella murmura o imagina que murmura “no soy puta, y lo sabes, pero tú has sido un hijodeputa, y lo sabes”.

Él parece adivinarlo; se enciende y levanta la mano, con un coraje que cada vez es menos contenible. Ella lo mira a los ojos y gira un poco el rostro para que le pegue en la otra mejilla.

Él llora. Ella lo llama cobarde.

Él llora más fuerte, como un niño.

Ella le regresa el golpe. Le dice o cree decirle: “no diré ‘lo siento’, no tengo por qué, tú lo has hecho otras veces, porque sí, en secreto”.

Él apaga y prende la luz. Apaga y prende la luz. Como en una regresión a su infancia. Llora.

Ahora que llueve allá afuera, años después, ella recuerda la noche en que todo acabó y en que todo comenzó. No debe arrepentirse de nada, sólo los cobardes se arrepienten. Esa noche, entre sueños murmura un adiós no dicho, y sabe que duerme más cuando se encuentra triste.

 

Premonición

Amanecerá y comenzará a llover. Lloverá, como todos los días, lloverá sol. Un rayito, otro rayito, un chipi chipi de rayos matutinos. Primero se sentirá bien. Lluvia de rayos suaves que acariciarán la espalda a los paseantes. Más tarde se intensificará, los rayos caerán con más fuerza. Pasará una mujer con paraguas, pasará una segunda mujer con paraguas, pasará una tercera mujer con ¿sombrilla? ¿parasol? Ligera llovizna de sol, todavía podrá aguantarse. Ni una sola nube en el cielo inmenso. El calor comenzará a entrar por las ventanas, por los resquicios de las puertas, traspasará techos y paredes. Comenzará a inundar. Después llegará el mediodía, tempestad solar, olas de calor que lo allanan todo. Se instalará la vehemencia, se nublará la mente, se sofocará la voluntad. Arderán las banquetas, las esquinas, las calles. Arderán las casas y los pocos árboles que quedan. Arderé yo. La tormenta incandescente no cesará. No habrá forma de protegerse y las sombrillas se convertirán en un mero artefacto decorativo que pesa. La gente que camina se consolará en hilos de sombra. Mal humor, desesperación, ¿desolación? No. Insolación. Antes de que termine el día, todos moriremos ahogados de calor. Antes de que termine el día, pasaré por enfrente de tu casa y te escucharé decir, por última vez: ¿a dónde con tanto sol y sin sombrero?

 

Siniestro

 

¿qué hacer con un sistemas de músculos, nervios y huesos que se ha vuelto confuso y no encuentra el orden: cuando el pensamiento no importa y la piel y la forma reclaman su presencia urgente: cuando lo que hay que resolver es cómo colocar los brazos al dormir?”

Angelina Muñiz-Hubberman

Supongo que la gente común sabe y siente que los brazos son extensiones de sí. Pero yo tengo la certeza de que mi brazo izquierdo se equivocó de cuerpo. Mi brazo derecho se amolda perfectamente a mí, de pie, en la cama, en el sillón, pero el otro no. Si lo dejo hacia abajo al dormir, con la mano junto al muslo, se adormece y despierto con el brazo acalambrado. Si duermo con el brazo hacia arriba, debajo de la almohada, llega un momento en que mi cabeza queda encima y me duele más. Como que este brazo izquierdo no es mío. Las más de las veces se niega a hacer lo que le pido. Será porque es el siniestro, y siniestras son sus motivaciones. No será de extrañar, pues, cuando lean la nota en el periódico: “Extraño caso de suicidio: mujer se asfixia con su propia mano”.

Ruth Castro

Ruth Idalia Castro Parada

México, D.F.
Lic. en Lengua y Letras Hispánicas por la Universidad Veracruzana; labora en registro y documentación de obra en Museo Arocena, y como editora en fanzine literario Palabracadabra y en Amanuense Servicios Editoriales. Becaria de PACMYC 2008. 
Ha publicado artículos, reseñas literarias y textos de ficción en las revistas: ContrapuntoArtefactoMetrópolisDiario La TempestadLitoral-eAcequiasLa Grieta del desierto, y otras.   
Blog: vozasilabica.blogspot.mx

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