Edición Aniversario

[Edición aniversaria] Un exótico y repentino viaje a Egipto, por Gabriel Guzmán

 

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¿Qué tiene Egipto que atrae al mundo entero? ¿Es su clima soleado y caluroso? ¿Es el maravilloso Desierto del Sahara? ¿El río Nilo? ¿El misterio de la tumba de Cleopatra? ¿Sus momias y los misterios y maldiciones que las rodean? Sea lo que sea, emprendí un vuelo sin fin hasta Frankfurt, una urbe ubicada en un país que ya estaba empezando a extrañar y en donde conocí a tantas personas interesantes hace ya un par de años.

Después de aproximadamente seis horas, un viaje algo turbulento y Just Like Honey de The Jesus and Mary Chain on repeat en mi iPod, llegué a la maravillosa ciudad ancestral. Mi primer impacto fue el calor que me recibió al descender del avión; sin embargo, luego de registrarme en Cairo Marriott Hotel & Omar Khayyam Casino (ya eran las 8pm), salí a caminar por la metrópoli. Todavía no podía creer que la noticia que le daba la vuelta al mundo era que una nevada azotó Egipto hace apenas unos pocos días.

En ciudades grandes como El Cairo, hay varios tipos de restaurantes que ofrecen una variedad gastronómica que, culturalmente, es bastante amplia. Es muy probable que los visitantes puedan encontrar en muchos establecimientos la comida egipcia tradicional, pero también hay otros sitios que sirven platos italianos y franceses que son muy populares entre las clases media alta y élite. Yo, corto de presupuesto, aposté por lo económico y tradicional.

La comida egipcia refleja la historia del país; con todo, cocineros nativos, usando ingredientes locales, han modificado las viejas tradiciones griegas, turcas, libanesas, palestinas y sirias para adaptarlas a sus costumbres, convirtiéndolas en platos sencillos a base de frutas y verduras sazonadas con especias frescas y abundantes. Opté por un Torly, que es un caldo mixto de verduras, hecho con cordero (aunque de vez en cuando también se prepara con carne de res), cebollas, papas, frijoles y arvejas. Simplemente una delicia.

El plan para el día siguiente fue visitar las imponentes Pirámides. Pero no podía dar inicio al recorrido sin antes deleitarme con el placer de los zumos de fruta fresca (asir), los cuales pueden ser encontrados en pequeños puestos en todo el país. Los comerciantes mezclan la fruta entera con pequeñas cantidades de hielo y agua azucarada y generan la octava maravilla.  Como en la variedad está el gusto, el turista puede escoger distintos sabores como farawla (fresa), manga (mango), mohz (plátano) y burtu’aan (naranja). Además de los zumos de fruta pura, también se pueden conseguir de verduras como khivar (pepino) tamaatim (tomate) y gazar (zanahoria). Para una experiencia novedosa, probé combinar varios sabores y obtuve una bebida inesperada: mohz bi-laban (plátanos y leche) que resultó ser una malteada egipcia.

Llegar hasta las pirámides fue sinónimo de un viaje de aproximadamente 15 minutos, aunque muchas personas también se acercan a pie y tardan 45 minutos. Es importante resaltar que es necesario pagar para entrar al recinto cultural y admiten un promedio de 150 personas diariamente, divididas en dos turnos: en la mañana y en la tarde.

Ver una de las maravillas del mundo no es algo que haces diariamente y el tamaño de la obra no tiene precio. Es por ello que miles de turistas no dejaban de fotografiarse frente a ella, mientras (y seguramente fue así) todos se cuestionaban ¿de qué manera se llevaron a cabo unas construcciones tan magnas como estas? La imagen de Cleopatra e, inclusive, la de Elizabeth Taylor, se mantenía estática en mis neuronas.

Son tantas las historias que se oyen en Gizá sobre las pirámides de Keops, Kefrén, Micerinos y la Esfinge, que inmediatamente al llegar a ellas, sientes que te encuentras en un lugar bastante familiar, a pesar de la impresión que causan tales estructuras de piedra caliza, la última de ellas esculpida a partir de una sola pieza. Solo pude subir unos metros de Keops y, en la menor de ellas, entrar al único túnel que parecía abierto, en donde se encontraba la tumba de Micerinos y para el que fue necesario descender agachado por una rampa de tal vez unos 100 metros de longitud.

Un aspecto importante del exótico viaje a Egipto estuvo conformado por la tranquila navegación por las aguas del Nilo a bordo del crucero Radamís II (un recorrido tan calmado que su movimiento o el atraque en algunas de las poblaciones cercanas, son casi imperceptibles). El trayecto fue aguas arriba desde Luxor hasta Asuán, con sus debidas paradas en Esna, Edfu y Kom Ombo para las pertinentes visitas arqueológicas.

Cuatro noches a bordo de este barco no fueron suficientes para disfrutar del mágico esplendor que solo Egipto sabe ofrecer. Las habitaciones eran tan parecidas a las de un hotel, que la palabra comodidad se quedaba inmensamente pequeña. La estructura contaba con cuatro puentes y una terraza. Mi habitación se encontraba en el tercer puente, por lo que en ningún momento dejé de percibir una magnífica vista a través de la ventana.

Las distintas clases de historia que proporciona el guía local y las vistas a tempranas horas de la mañana tan solo le darán al espíritu del visitante un respiro de verdadera paz, quebrados únicamente por los pájaros que buscan alimentarse a orillas del río Nilo, o incluso por los niños que, mientras juegan en tierra firme, saludaban a los pasajeros a bordo. El contraste entre la franja del río y la inmensa tierra fértil se hace mucho más comprensible cuando se observa desde la terraza, pero esta visión se interrumpe cuando, ante tus propios ojos, deambulan los fantasmas de un pasado ancestral y aprecias cómo algunas mujeres friegan sus corotos a orillas del río y los más pequeños se sumergen en el agua. Del mismo modo, los hombres trabajan en los campos con herramientas muy similares a las utilizadas en el Antiguo Egipto para el arado y otras actividades agrícolas.

Abrir los ojos ante las cuatro enormes estatuas de Ramsés en la entrada de su propio templo es casi una experiencia religiosa, en medio del desierto y bajo una temperatura de casi 45 grados. Al entrar y detenerse ante las variadas columnas y relieves, la sensación del carácter divino que el pueblo le atribuía a sus gobernantes es capaz de invadir todos tus sentidos. Ramsés II era el responsable de mantener el orden por encima del caos, defender el territorio y mantener unificados el Bajo y Alto Egipto.

Una de las cosas que aprendí en este recorrido fue que hoy por hoy, la historia descarta que las grandes pirámides fueron construidas por esclavos, ya que se afirma que fueron los agricultores, en sus tiempos de ocio durante la inundación anual de sus tierras, quienes trabajaban en la edificación, cuatro meses por año.

Tomar un crucero fue gratamente ventajoso: además de resultar mucho más cómodo, pude simplificar el viaje, pues distinguí todos los monumentos locales en un solo recorrido. En segundo lugar, no fue necesaria una planificación meticulosa, ya que la misma agencia que ofrecía el itinerario, dispuso la travesía según los gustos del cliente. Es así como a los viajeros les queda escoger si visitarán Menfis, Sakkara, Abu Simbel, el Barrio Copto y la Ciudadela o decantarse por el Templo de File.

Al regresar, recordé una de las noticias más devastadoras que le ha dado la vuelta al mundo: en 1997 hubo una matanza de 58 turistas, en su mayoría alemanes, en el templo de Hatshepsut, ubicado en el Valle de las Reinas, cerca de Luxor, por lo cual el turismo entró en extinción. Es por ello que actualmente, en todos los sitios de interés para los turistas, existen varios comandos militares. Por otro lado, también hacen registros de rayos X en casi todas las esquinas del lugar y un registro del país de origen de cada visitante.

Mientras volaba de regreso a mi amada Nueva York, concluí que Egipto es probablemente la civilización más antigua del mundo y uno de los lugares vacacionales con más tiempo sobre el planeta. Sin embargo, es un destino que es mucho más que pirámides y monumentos. Sus focos nocturnos, hoteles de lujo, restaurantes cinco estrellas y románticos paseos por el Nilo en grandes barcos, sin contar una noche en la gran ópera, le dan al visitante una experiencia cultural que difícilmente se pueda volver a repetir.

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Gabriel Guzmán

Nació el 18-03-1991, en  Mérida Venezuela. Se especializó en Cinematografía, New York Film Academy, New York City (2012). Tiene un Diplomado en Crítica del Arte – Universidad Central de Venezuela (2013).  Pueden encontrar algunos de sus trabajos realizados en:

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