Pluma creativa

Crónicas de una anarquía anunciada, por Danny Pinto-Guerra

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imagen tomada de aquí

CRÓNICA #1

ALTAMIRA SE CONVIERTE EN LA “CAPITAL”
DE LA RESISTENCIA Y SUS ENFRENTAMIENTOS

Caracas-

Ya la urbanización se ha vuelto un campo de batalla en gran medida.

Es inevitable, pero aun cuando la mayoría del sector opositor está en desacuerdo respecto a este tipo de manifestaciones en este lugar, los jóvenes que día a día a partir de las 12 del mediodía se concentran aquí han hecho de esta plaza una especie “bastión de la resistencia”, su Tahrir, pues. Poco a poco se van reuniendo, primero en la plaza norte (la más grande) y luego se van dirigiendo hacia la sur, en donde se evidencia con mayor ahínco la destrucción producto de una nueva cotidianidad vivida desde el 12 de febrero. Ahí, en la parte sur de Altamira, se empezaban a formar los cimientos de lo que sería la nueva sede de la CAF (Comunidad Andina de Fomento), sin embargo, el lugar ha sido totalmente abandonado y tomado como fuente inagotable de recursos para la batalla por parte de quienes protestan contra el gobierno de Maduro.

Una explanada que inicialmente estaba cubierta y cerrada por sus anchas paredes, ahora se encuentra desprotegida y abierta en distintos puntos de lo que es casi toda una cuadra bélica en Altamira sur. Las paredes ya son muros, y unos muros ya son piedras, y si esperamos unas cuantas horas, unas de esas piedras (sino todas) serán armas.

5:15 p.m.

Los manifestantes —en su mayoría jóvenes encapuchados y con máscaras— ya habían iniciado su batalla campal contra los funcionarios de la PNB (Policía Nacional Bolivariana) poco más de una hora antes. No se sabe con precisión quién empezó el ataque, o como diríamos coloquialmente quién pegó primero, pero sí sabemos que fueron los efectivos de la PNB los que llegaron a la parte gruesa de la manifestación de manera atropellada y violenta cuando se dispusieron a subir en motos mientras lanzaban gas lacrimógeno.

Hay que destacar que los manifestantes se despliegan en dos o tres sectores desde la Plaza Altamira hasta la parte baja de la avenida Luis Roche. Un primer grupo (el más grueso) se encuentra a lo largo y ancho de la plaza y sus alrededores, en donde han hecho barricadas con todo lo que el sitio les ofrece, entre ellos: potes de basura, escombros, vallas publicitarias, y distintos objetos difíciles de definir. En este sector se encuentra un “tipo de manifestante”, sujetos más light que han hecho de este sitio un lugar de “encuentro y esparcimiento”. Aquí, las palabras superan a las acciones y hasta una especie de museo se puede apreciar en una de sus esquinas en donde se pueden observar un sin-número de cartuchos y bombas lacrimógenas ya usadas que entre los días anteriores y éste se han ido acumulando.

Si se baja un poco más por la Luis Roche hasta la esquina de la Torre Británica, ya estamos entrando a un territorio mucho más activo y hasta hostil. Todos los comercios y establecimientos están cerrados, y los manifestantes, en su gran mayoría, se encuentran preparando y distribuyendo su “arsenal”, con el que pretenden detener el avance de la PNB. Bombas molotov, piedras, cohetes, escudos improvisados (y otros no tanto) y más barricadas que incluyen cadenas y alambrado, son algunas de las cosas que se pueden ver a diestra y siniestra mientras se baja por la avenida que desemboca en una de las salidas a la autopista Francisco Fajardo, protegida fuertemente por los cuerpos de seguridad.

Más abajo, y a no más de cien metros del piquete de la PNB, se encuentra un grupo mucho más reducido de manifestantes pero con apariencia y actitudes más decididas. Sujetos que parecen una mezcla entre miembros de la ETA y hoplitas espartanos, que tratan de manera desafiante armar otra barricada más cerca del piquete y frenar la subida de los efectivos policiales con una defensa que se basa principalmente en el ataque.

Algunos de los vecinos de la zona les bajan agua a los manifestantes o se las lanzan desde los apartamentos en pisos bajos. Otros se quedan en las puertas de sus residencias, viendo, esperando, y hasta algunos dando ideas para que los manifestantes puedan resistir la arremetida de la PNB.

Una señora que estaba en la entrada de una de las residencias le dice a unos jóvenes, entre ellos estudiantes de la Escuela de Comunicación de la UCAB, que si suben los policías, se metan rápidamente en el edificio, que hace unas noches se llevaron hasta 44 detenidos, algunos por simplemente estar ahí.

Estos estudiantes no están encapuchados, muchos de ellos jóvenes rondando los 20-24 años, lo que están haciendo es mantener informados a sus amigos y compañeros vía redes sociales. Ellos no poseen armas, para ellos es más eficiente tener un recurso y herramienta de trabajo como lo puede ser un teléfono inteligente. Son futuros comunicadores, futuros periodistas que se encargarán de trasmitir la realidad de lo que acontece, y en ese preciso momento es eso lo que ellos hacen; están grabando cómo la policía va ganando terreno mientras siguen dispersando a los manifestantes con lacrimógenas, perdigones, y bombas de aturdimiento. La PNB, al igual que la GNB (Guardia Nacional Bolivariana) no ha tenido ningún tipo de tolerancia con los periodistas o con cualquier ciudadano que pueda documentar con sus teléfonos o cámaras lo que ocurre.

Las motos de los efectivos hicieron su aparición para una nueva arremetida y (a su vez) para detener a cuantos se pueda, tan pronto notaron que había jóvenes muy cerca de ellos grabando todo lo que estaba sucediendo, y en especial la actuación desproporcionada de los miembros de la PNB. Llegaron en cuestión de segundos y la señora que cuidaba la reja de una de las residencias no pudo evitar que uno de los efectivos llegara a la entrada e ingresara mientras la apuntaba con un arma larga. Algunos de estos jóvenes estudiantes corrieron hacia el interior de la residencia, otros se fueron por los bordes de la avenida buscando otro refugio ante la vertiginosa llegada de los cuerpos motorizados que no dejaban de apuntar a todo el que tenían al frente.

Varios de los efectivos policiales irrumpieron en la residencia y, entre golpes y forcejeos, se llevaron a uno de los estudiantes que buscaban guarecerse dentro de la misma. No encontraron mucha resistencia en la humanidad del joven, ya que comparado con el armamento y la complexión de los efectivos, el futuro comunicador estaba en total desventaja.

Mientras lo sacaban de la residencia, otros amenazaban a la señora que cuidaba la entrada del edificio y golpeaban al que intentase defender y ayudar al joven. La arremetida continuó, y el joven, al que le dicen Nacho, se convirtió en uno más de la lista de detenidos del actual régimen venezolano.

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