Pluma creativa

[II Parte] De cerca, por Indira Rojas

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imagen por Leah Goren

II

La familia Rigolo tenía un pequeño almacén de muebles, y habían criado a sus hijos bajo las enseñanzas del trabajo duro. Nada era más honorable en ese hogar que ganar satisfacciones por  el servicio a los demás, aunque costara un dolor de espalda, el cansancio en los tendones, la frente quemada por el sol, y los huesos abatidos por el peso de una jornada dura. Morir en batalla, como espartano; o ganarse el respeto de todos al llegar a casa con la lucha ganada.

Pero Jeny no había encontrado su paz en la labor. Guerrear, “guapear”, echarle pichón no tenía que ver con ella. Reni, el primer muchacho que colonizó sus obsesiones y otros lugares secretos, vendía crack. Para la joven pareja, de 19 años, fue el hallazgo de un estilo de vida similar, solo en fachada, al soñado: finalmente eran más los billetes en el bolsillo que los dolores de cabeza.

La piedra era además un consuelo emergente para la discusión matutina con la señora Rigolo, su madre, y la pelea silenciosa con su padre en las noches. Jeny quiere un cambio de paisaje, y no ve alternativa en otra cosa que no sea el matrimonio con su querido Reni.

Pero las formas anchas y puntiagudas de un parto inminente no gustaron al joven. Con un cambio de cerradura y de actitud, no quiso recibirla más en casa luego de tener a la beba a los 24 años. Le puso Renata, como su abuela, y fue por 9 meses una inusual droga para calmar dolores y traer alegrías a ella y a todo lo que le rodeaba. Fue un sustituto para todo aquel mal que había seguido de Reni, su carne encontró el remedio para sus dolores y sus memorias un propósito para repatriar.

Los Rigolo podían jactarse de que eran una familia, y quien quisiera desalentar aquellas escenas de clásica estampa, como las navidades alrededor del árbol y las vacaciones en la playa, recibían de un solo golpe la sonrisa de una Renata rechoncha, despampanante, y encantadora. Pruebas de una vida feliz. Pero ajustarse a las exigencias de la sociedad, el trabajo, y el compromiso eran tres cosas que Jeny solo veía aproximarse como enemigos mientras la pequeña demandaba mayor atención, cuidados y educación.

El día del primer encuentro decidido con las tres mujeres en la esquina, con los ojos de “La fea” viéndola correr despavorida por La Florida, sería conocido para la familia como la cuarta vez que la joven adicta se encaminaba a su “hogar” con la esperanza de recuperarse…la cuarta vez que se vio surgir a Jeny como el Fénix y caer entre el humo sucio del crack más rápida y estrepitosamente que antes.

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