Pluma creativa

[IV Parte] De cerca, por Indira Rojas

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imagen por Leah Goren

IV

“Nunca las he visto de cerca”, me cuenta Jum. “Pero esta parece ser la historia”. Toma con cuidado una taza de café negro y con una sonrisa de misterio, que nunca he visto en nadie más, toma un sorbo. Tenemos un año juntas en un apartamento en La Florida, y cada vez que pasamos por el viejo concesionario vemos a las cuatro mujeres charlar.

El señor Duarte, que trabaja desde hace 30 años en la compañía de limpieza del municipio, es quien da los detalles del caso si uno le inspira confianza. Nos confesó que, contrario a las normas de la Alcaldía, fue él quien obsequió a las damas el “mobiliario” de troncos porque le argumentaban continuamente que estaban hartas de que el piso “les raspara el culo”.

No comprendo porqué a Jum le interesan tanto estas mujeres. No era atracción sexual lo que arrojaban sus visiones, tampoco una iniciativa altruista. Pero desde el balcón del pequeño apartaco las observa anonadada cuando compran los cigarrillos en el quiosco de Martica o cuando hablan con el señor Duarte. Para Jum los detalles son como perlas, y puede pasar horas relatando una fracción de segundo. La adoro por eso.

Tal vez su año en España no solo le sirvió para encontrar su identidad y sus intenciones con las mujeres. Tal vez fueron los 365 días más propicios para entrenar el ojo entre tanto lío y tanta gente, y aprender así a secuestrar de la multitud un instante. Tiene esa cosa curiosa de apegarse a lo curioso, que intuyo fue su naturaleza desde siempre. Y con su piel blanca, enrojecida por el sol criollo y heredada de sus abuelos italianos, Jum da esa impresión de fragilidad divina que clama por protección.

Emprender el camino juntas fue relativamente fácil. Sus nonos habían muerto cuando la conocí y no supieron que era homosexual, por lo que no tuvo que recurrir a confesiones que, según ella, les quitaría la poca paz que les quedaba. Además, le dejaron una cuantiosa herencia, forjada con el sudor de los negocios de antaño. Y entre su encanto y su humildad, Jum deja espacio siempre para un beso. ¿Cómo no querer besarla? Antes de dejarme amortiguar por primera vez su pila de emociones con el peso de mis labios, me entregó un primer vestigio de intimidad contándome un secreto. Su doble personalidad duplicó mi excitación, y así ha sido hasta ahora. “Nunca me vieron con un chico, supongo que sospechaban algo, pero no podían saberlo”, me dijo una vez, refiriéndose a sus abuelos. “Al viajar a España me hice llamar Jum… Pero tú puedes llamarme Renata”.

@indirojas

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