Pluma creativa

Já não é cidade, é fado, por María Mercromina

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Pier Toffoletti

 

Escrevo embalando-me, como uma mãe loca a um filho morto

Fernando Pessoa

 

Tú lo sabías Mamá, por eso no me dejabas volver. No está bien mirar el dolor de los demás. No está bien hablar del dolor de los demás. No está bien insistir en el dolor de los demás. Todo lo que él fotografiaba sigue en pie. Todo lo que acariciamos con nuestro amor sigue en pie. Todos los trayectos siguen en pie. Mi fantasma, mi cicatriz, mi dolor. Todos estos procesos patológicos que os he ocultado, durante tanto tiempo, familia, permanecen aquí. Me esperaban, latentes, azules, dormidos, entre la humedad y la sal, riéndose de la saudade. Tiene que ocurrir una catástrofe para que una ciudad se haga inmune, indemne, inmortal. Aquí todos los pájaros son negros, aquí todas las mujeres tienen un marinero a quién llorarle, aquí todas las sirenas mecen a todos los poetas que se tiran decididos al río boca abajo. Porque aquí aunque nos marchemos, seguiremos yaciendo,  nosotros, intactos, celosos de dolor, celosos de enfermedad, celosos de agonía y metástasis, queriéndonos como nunca hicimos, encantados de que nos pisen y nos despiecen las gaviotas, que nos tiren como restos, aniquilados, desvalidos, como células inservibles esperando la apoptosis, como peces y animales marinos muertos flotando preparados al fin para la canción de cuna y el féretro de olas y luna que les tiene el mar.

María Mercromina

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