Pluma creativa

Taras, por Laia Planagumà Ramos

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Rachel Sierra

Nunca supe ser pez en el mar

y me ahogué al poco de empezar a nadar.

Se me inundaron los pulmones de agua salada,

agua que a su vez,

aún privándome de mi aire,

me curaba por dentro las cicatrices,

esas que se cargan pero no se ven,

esos tatuajes de interior que te visten los huesos

y te acorazan.

Aunque intenté, en vano, subir a la superficie

y flotar,

flotar como un trozo de madera desahuciado,

abandonado a su suerte,

me ahogué.

Quise ser luz que se intuye lejana,

ser luz que brilla con tanta furia

 que podría ser la envidia del mismísimo Sol.

Pero esa luz fue faro alejado

que pedía a gritos ser rescatado

igual que el trozo de madera que pide piedad al mar.

Siempre existirá alguien que grite en silencio,

somos criaturas débiles

 y llenas de taras.

No soportamos el calor del verano,

ni el frio del invierno.

No sabemos estar solos,

nos cuesta andar acompañados.

No somos capaces de volar,

estamos ligados al suelo como si de un árbol se tratase,

árbol de tronco débil,

árbol de hojas marchitas.

Yo no soportaba no saber volar,

nunca supe ser árbol,

y jamás,

jamás supe ser pez en el mar.

Laia Planagumà Ramos

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