Pluma creativa

Todo empieza, por K.V.Carmichael

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Imagen tomada de acá

Todo empieza como un pequeño sentimiento, como una leve sensación; hasta que se transforma en una pequeña esperanza, en un pequeño lucero, una leve estela de lo que alguna vez fue un sueño, para posteriormente ser  transformado en un pensamiento vagabundo, despistado, quizá un poco confuso. Seguidamente se convierte en una mínima palabra, un suave susurro, un dulce arrullo, para llegar a ser un desgarrador, doloroso y notablemente audible… llanto de guerra… Guerra, en contra de este cruel sentimiento de impotencia que llega a lo profundo de mis huesos, que cala hasta lo más profundo de mi ser…

No sé si esto alguna vez llegue a tus manos. No sé si alguna vez llegues a leerlo, o si siquiera llegue a donde sea que estás ahora. Pero, como sea, escribo esto para que sepas que los perdono. Los perdono a todos, por haberte arrebatado de mi lado. Los perdono por arrebatarnos la vida que teníamos juntos, nuestro maravilloso matrimonio, nuestro futuro.

Por quitarte de mi vida.

Pero más que nada, porque quiero que sepas que te perdono por haberte ido. Porque sé que no fue tu culpa, que no lo planificaste. También porque sé que no tuviste opción. Sé que era tu responsabilidad, y que sólo querías ser útil para nuestro país.

Sin embargo, aunque sé que no fue tu culpa, duele, ¿sabes? Duele porque tú estás allá, y yo estoy aquí. Duele porque nos amamos, y ni aún así podemos estar juntos. Duele porque ni siquiera sé si algún día volveré a verte.

Y me pregunto: para tener paz, ¿tiene que haber una guerra? Eso es algo que no me parece correcto. No es justo que muera gente inocente. No sé a quién se le ocurrió la idea de tener guerras. Realmente son absurdas. Entrenar a una persona para una guerra, no es más que entrenar a una persona para matar a otras miles… y para morir. Y eso no me parece justo.

Imagina todas las mujeres que se quedan sin esposo, hijos sin padre… madres que se quedan sin hijos. Tantas lágrimas derramadas, sólo porque “queríamos paz”. Piensa en todos esos corazones rotos, todas esas esperanzas destrozadas. Todas esas familias incompletas. Esas familias rotas, destrozadas.

Esos pequeños niños llorando porque su padre nunca volvió a casa.

Y quiero que sepas que ayer nació nuestro pequeño. Ayer nació el hijo que durante tanto tiempo estuvimos esperando. Se llama Daniel, como su apuesto padre. Quiero que sepas que él está bien, y que es hermoso. Sé que, según dicen, todos los bebés en el mundo son iguales, y que todos se parecen, pero este bebé, nuestro pequeño Daniel, es completamente diferente. ¡Él es único! Es único, bello y rosadito. Es fuerte, es valiente, y es igualito a ti. Espero que vivas lo suficiente para cargarlo, para cantarle una canción de cuna. Para verlo dormir.

Para que llegues a verlo.

Todo comienza con una pequeña esperanza, ¿sabes? La esperanza de que algún día vuelvas a casa, de que todo vuelva a la normalidad… de que veas a tu pequeño hijo, de que yo vuelva a abrazarte… que sigamos enamorados el uno del otro, ansiando volver a comunicarnos sin palabras, con miradas y con gestos que sólo tú y yo en nuestra complicidad entendemos…  fe en que podamos ser felices, como alguna vez lo fuimos…

…Esperanza en volverte a ver.

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