Pluma creativa

Los caminantes nocturnos, por Eugenia Murua

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Night Street by Stanislav Sidorov

Escribir.

¿Por qué no construyo algo como una tarta o una casa? Me da vergüenza, mi insignificancia, pero no tengo mucho tiempo de sentirla. No tengo otra alternativa de vida.

Te imaginé esa noche, que caminábamos juntos por las calles en una conversación mágica. Las ciudades de noche son mágicas. Es que uno anda por ahí y lo que verdaderamente hace es vagar. Y se vaga tanto con los pasos como con los pensamientos. Por esto mismo es un acto de libertad absoluta. La mayor felicidad consiste en descubrir  lugares que siempre estuvieron ahí. Lo mismo pasa, adentro.

Afortunadamente, las cavilaciones que se gestan durante estas expediciones no tienen utilidad alguna. Todos los días, con sus 24 hs, dueñas de sus 60 minutos, amamos al Dios de la Utilidad y le rendimos pleitesía. Sonreímos cuando las horas nos han rendido, cuando realizamos una tarea más rápido de lo que pensábamos, cuando le encontramos nuevos usos a algo. Alguienes y algos.

Las caminatas nocturnas son un acto de anarquía. Es un espacio en donde se mira por mirar, se piensa por pensar y se fuma por fumar porque básicamente, lo que se está haciendo es caminar por caminar. Esto se constituye en un acto de rebeldía para un mundo en donde la gente se estira para alcanzar algo, practica sexo oral para que se lo practiquen y estudia para que le den un título. Caminar de noche, le puedo asegurar, no le servirá a usted de nada.

Por lo demás, la noche siempre ha sido la hora de los locos. Alguien que anda caminando por ahí no tiene una agenda por la cual responder a la mañana. Así planteado esta actividad es una declaración de principios, un manifiesto contra el mundo diurno. Hay un par de caminantes empedernidos, que, teniendo un trabajo bajo el sol, simplemente no les importa. Es ese tirar platos de los griegos.

Tipologizar es una actividad propia de los caminantes nocturnos. Por si hubiera que categorizarnos, me gustaría detenerme en dos grupos: 1) los Tímidos, que se escoden tras la excusa de ir a comprar algo, sobretodo si están con gente no caminante; y 2) los Temerarios, que deambulan por cualquier lugar, más contentos todavía si violan la propiedad privada. A los integrantes de este último grupo les duele algo, en algún lugar.

Lo importante:

El fresco, aire u olor a noche es lo más importante, junto con la escasa luz, el silencio y la no gente.

Ya sea con el primer claror o con el advenimiento de una sensación de liviandad, uno volverá a su casa. Y entonces te dormís, en esa extraña sensación que es estar vacío y lleno  la vez. ¿Por qué no construyo algo como una tarta o una casa? Esta noche no pude escribir ya ves, y te imaginé.

Eugenia Murua, cientouncasihistorias

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