¡A escribir!

El último día de mi reinado (2014), de Manuel Gerardo Sánchez. Por Maikel Ramírez

MGS1web

“También por esas fechas dejé de propinar sonrisas hipócritas a los

Colegas que encontraba en el restaurante de la empresa, como había hecho durante

Tantos años. No era falta de amabilidad, sino simple coherencia con mi naturaleza”

(Guadalupe Nettel: Bonsái)

“Faces look ugly when you’re alone”

(The Doors: People are strange)

Desde la perspectiva psicoanalítica, según sabemos por la línea expositiva que se inicia con Freud y se manifiesta en la actualidad en la obra del filósofo esloveno Slavoj Žižek, amar al prójimo (del latín ‘proximus’) es un acto difícil, acaso imposible. El último día de mi reinado, primer libro del escritor venezolano Manuel Gerardo Sánchez, publicado por la editorial Ígneo, a fe mía, ilustra con impecable minucia lo traumático que puede resultar el contacto con el otro, como argumentaré en estas breves líneas.

            Ante todo, se debe señalar que los once cuentos contenidos en El último día de mi reinado atestiguan una prosa acabada con rigor estilístico, que, entre otras características, sin apabullar,  muestran un claro dominio de diferentes jergas del saber humano, como la musical, en el cuento Música para cómplices, o la de cocina, que permite los intercambios comunicativos entre los personajes de Familia que come unida.  Por otra parte, y para  seguir reforzando estos apuntes iniciales sobre el lenguaje con que se fábrica este libro,  notemos los títulos con tono punzante que dan nombre a varios de los cuentos: Familia que como unida, Miss María Lionza, El regaltio de Chitty, El sacrificio. Son resaltantes, por igual, algunas enumeraciones de elementos que los personajes observan y que marcan con detalle el precipicio que deben sortear en la relación con el otro, como se lee acá: “Ni hablar de la torva de gente que, mientras zumba y da vueltas y más vueltas en ese huracán que es la vida, voy descubriendo con perplejidad. Su coletazos me sacuden y me lanzan como una golondrina herida, a un mar de personas…”

            Ahora bien, conforme terminamos las ochenta páginas que son receptáculo de la obra prístina de Sánchez, se hace ostensible que los personajes de varios de estos cuentos confrontan un abismo insondable cuando entran en contacto con el prójimo, como lo expresa con claridad el narrador-protagonista del cuento A cada uno su senda: “Sí, lo digo libre de gazmoñerías y sin el timorato recato de la tradición cristiana: yo no me siento próximo a nadie”. Por lo que sabemos del psicoanálisis, el prójimo puede ser  un completo otro cuya cercanía se convierte en traumática, tanto más cuanto se conoce su forma de goce (religiosa, cultural, ideológica, sexual). En términos políticos, sigo a Žižek, esta situación puede comportar la fantasía de que el otro no solo nos despoja de nuestro goce, sino que posee un exceso de este. Por poner un par de ejemplos paradigmáticos, pensemos en el filme Historias americanas X, de Tony Kaye, en el que el neonazi Derek (Edward Norton) acusa a los extranjeros de emigrar a Estados Unidos para robarle a los nacionales el trabajo, los programas sociales, los recursos, e incluso ‘violar’ al país (los extranjeros gozan sexualmente);  por otra parte, sabemos por el diario de Victor Klemperer que Hitler amenazaba constantemente a los judíos de “borrar las sonrisas de su rostros”, lo cual hace manifiesto que el Führer creía que los judíos tenían diversión extra en menoscabo de la población alemana.

            Continuando con la idea ofrecida en el párrafo anterior, veamos el cuento Familia que come unida, en el que Gustavo recibe el trato hostil y la exclusión simbólica de Tínsula por ser novio de su sobrino Rafael: “Desde que Rafael le confesara sus nefandas compulsiones hacia otros varones, cualquier muchacho o efebo que quebrara la muñeca ante su iris conservador era objeto de su repudio”.  Adicionalmente, podemos enumerar fricciones que mantienen a raya o trastornan el acercamiento entre los personajes debido a la religión (el viaje de Ruth a Oriente), la apariencia física (El regalo de Chitty), la vejez y la muerte (En tres y dos), la personalidad vulgar (A cada uno su senda), la relación de pareja y el reconocimiento social (Música para los cómplices), la superficialidad (También la había abandonado). Si se quiere, uno de los ejemplos rotundos del peligro del contacto con el prójimo es El beso, puesto que en Paris, la misma cuna de la razón y del amor en la cultura occidental, Carla besará a Dominique y se contagiará de una vergonzosa y severa enfermedad de transmisión sexual, ya que el galán francés es un consumado necrófilo.

            Estimo inevitable discutir el hecho de que la librería Nacho censuró este libro de cuentos de Manuel Gerardo Sánchez. El argumento en contraposición sería, de acuerdo a lo que he leído en algunos lugares, que es “muy fuerte”. Resultaría instructivo que se aclarara que debemos entender por tal grado de fuerza, porque, a mi juicio, ciertos cuentos de Edgar Allan Poe, pongamos por caso, son atroces, tanto más cuanto que nos identificamos con la mirada de los asesinos y, de paso, simpatizamos con este punto de vista. Con todo y esto, parece poco probable que una librería censure la obra de Poe por emplear este recurso narrativo. En una palabra, el que Manuel Gerardo Sánchez ponga a hablar a homosexuales que presentan su visión del mundo, escriba sobre un hombre que encuentra placer sexual en cadáveres, cree personajes heréticos o que rozan la zoofilia, componga historias en las que abunda un desprecio hacia los demás sin que medie ninguna convención social, no es más que la labor de un escritor que se propone recoger la existencia, en razón de la cual sigue un programa estético para poder precisar vía literaria las experiencias humanas con sus distintos matices y su maraña de inconsistencias.

Maikel Ramírez

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