Sorbo de letras

Provoca tu destino, por Enric Ochoa

javiImagen tomada de la web
Lo que podría haber sido y lo que en realidad somos, son dos líneas paralelas, donde el espacio que separa ambas es lo que se conoce como cuéntame tu vida. Justo ahí, en esa distancia escrita con verdades a medias tintas, es donde encontramos todas las incertezas que dejamos escapar, todas las oportunidades de las que nos lamentamos, todos los miedos convertidos en curiosidad. Somos una palabra que no dijimos, una acción que reprimimos, un capricho que no nos dimos. Fantaseamos con lo que dejamos atrás porque no somos más que niños grandes montando castillos con cajas que nosotros mismos vaciamos. Nos gusta levantar el telón de nuestro teatro y que aplaudan nuestra obra, pero el más fiel y crítico público somos nosotros mismos.  
A veces aparece alguien en nuestra vida que hace replantearnos nuestros porqués. Estos extraños visitantes, por desgracia, no suelen ser aves de paso, porque entonces sabríamos cuándo llegan y, lo más importante, cuándo se van. Estos desconocidos suelen aparecer en nuestro camino en el momento más inoportuno, inesperado, inexplicable y tantos otros –in como se nos pasen por la cabeza (inolvidable incluidísimo). ¿Recuerdas aquella persona con la que te lo pensaste dos veces? Aquella distancia que os separaba y que parecía fruto de la coincidencia se acabó convirtiendo en una casualidad en la que te negaste a creer.  Piensa en el no que vendiste a precio de coste, en la oportunidad que dejaste escapar, en las conversaciones que nunca tuviste y en los lugares que no visitaste. En todo lo que serías si tú no hubieras sido tú.
Estoy seguro de que alguna vez, parado en un semáforo en rojo, miraste alrededor y viste una cara por la que te pararías en todos las calles hasta tu casa, por la que pondrías tu canción favorita hasta que girara la cabeza y te viera. ¿Recuerdas ese cruce de miradas en aquella acera estrecha? ¿Las ganas de que, al girarte, vuestros ojos volvieran a coincidir? ¿Y qué me dices de aquel gracias cordial, seco y automático a quien te sirvió el café en la mesa, deseando que se sentara en la silla de al lado hasta que te explicara por qué pasaba ocho horas en ese bar y no contigo? Olvídate del si condicional y practica el rotundo. Piensa por un momento en quien quisiste conocer porque , porque te dio la gana y porque si tú me dices ven, yo sonrío y me siento a tu lado.
Si la vida es una canción, que tu letra no tenga estribillo. Improvisa, saca la lengua, sonríe, guiña un ojo, pero hazlo. Haz algo, lo que sea. Empieza por una lista de las oportunidades que dejaste escapar y sabrás cuántas veces no quisiste provocar tu destino. Busca a alguien que tenga lado oscuro y un por sonrisa, porque las personas que no se dan oportunidades ni a sí mismas lo hacen por el miedo al qué diré cuando me enfrente a la almohada. Pero, sobre todo, plantéate por qué un si condicional no se convirtió en un rotundo. Un a tu propio destino.
Enric Ochoa. http://envozaltiva.blogspot.com.es/
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