Pluma creativa

Instante, por Jorge Sánchez | Ilustración por Carla O.

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Carla O.

No era necesario mentir. El engaño quedó al descubierto en la primera frase, incluso antes, al decidir vestirse de manera tan ridícula. No, él era el culpable, sólo él. Si en ese momento una especie alienígena descendiera, en su flameante nave espacial, y proclamara a los cuatro vientos su inocencia, la humanidad descubriría que la vida inteligente no existe en el universo.

Así de grave es, pensó el teléfono, de ésta nadie sale vivo. Siempre es lo mismo: primero alguien se equivoca, luego otra persona llama a un tal Lobo, hablan un momento sobre fútbol y demás banalidades y luego, en un código que sólo ellos conocen, le avisan sobre el trabajo. Cuando la víctima llega todo empieza de nuevo: la sangre, el silencio, el Lobo alzando el auricular, limpiándose los ojos.

Me van a matar, pensó el chico. Todos conocen este lugar, se esparce la historia para que todos cumplamos y sintamos miedo. Me van a matar, lo sé, el Chucho la cagó  en el trabajo anterior y el día siguiente estaba aquí, con el Lobo enfrente, blandiendo esa como cuchilla de afeitar gigante. Me intriga cómo la usará. En realidad no sé ve muy amenazante, pero quién sabe.

Lo voy a matar, pensó el Lobo, en realidad no quiero hacerlo, pero lo haré. Tantos jóvenes como ese, tan tontos siempre. Cuántas vidas perdidas por la estupidez. Sólo soy un mandadero, el conserje de esos hijos de puta que son tan cobardes que ni los muertos quieren ver. Quisiera estar en otro lugar. Siempre me ha gustado la playa o los Alpes; en ésta época del año son hermosos, eso he escuchado. No quiero hacerlo, pero así es la vida.

Aquí caerá, pensó el suelo, otro más. Éste se ve incluso peor que los anteriores. Más blanco, más miedoso, lo siento en el temblar de sus pies. Si tiene mucho miedo es peor para mí, las manchas demoran en salir, se adhieren más fuertemente. Ojalá todo termine rápido.

Cómo será el otro lado, pensó el chico, mi mamá dice que flotas y luego hay una luz, alguna música angelical, no sé qué mierda religiosa… Pero qué sabe ella de eso. De seguro es un vacío infinito, lleno de oscuridad. Maldita sea, no quiero morir. Debí cogerme a más chicas, debí cogerme al menos una. El tiempo es tan corto, la vida un pestañeo. Aunque se está demorando, se supone que es un asesino profesional y está parado ahí, como esperando a que me mueva; no me moveré. Aunque ¿qué pasaría si corro? Nada, supongo. Lo he visto cerrar la puerta con llave. Maldición, morirse parece eterno.

Espero que no grite, pensó el Lobo, tantos gritos me sacan de quicio. Luego llego a casa y el pobre de mi hijo paga el precio. Trabajo de mierda, por qué no fui carpintero como el viejo. Bien decía él “no hagas nada malo mijo, esas cosas se devuelven” ¿Será esto a lo que se refería? Esta sensación de… como de…

El suspenso me mata, pensó la lámpara, es la primera vez que veo esto. La anterior no aguantó más y la tuvieron que remplazar. Pero no a mí, no señor. Yo estaré aquí, fiel y alumbrando. Pobre chico, morir en un lugar así, y vestido de esa manera. Qué patético. Ya quiero ver cómo termina.

Está llorando, pensó el chico, ¿por qué está llorando? Quizá se apiadó de mí, quizá abrirá esa puerta y se olvide de mí. En ese caso dejaré todo, me perderé del mundo y encontraré una buena chica, me la cogeré todas las noches y tendré hijos, por el amor Dios; tendré uno, dos, tres… los que sean… y no serán como yo, no señor.

No puedo hacerlo, pensó el Lobo, las otras veces fue más fácil. Qué pasa ahora. El chico me recuerda a mí. Quizá si no lo mato termine como yo. Entonces otro lo matará después, esa es la ley de la vida. Estos niñitos nunca aprenden, de seguro ahora estará pensando en quitarme el arma, matarme y luego escapar.  Uno nunca sabe lo que piensan; maldita sea, es tan joven, quisiera dejarlo ir  pero no sé, todo es tan confuso. Además estas ganas de…de…

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la…en la…en…maldita sea ¿cómo era? esa cuchilla gigante me distrae, por qué la moverá de esa manera… qué más da. Me va a matar el muy hijo de puta, después terminaré en algún hueco. Mis pobres padres no podrán encontrarme. Maldita vida… ahora y en la…la… moriré y no recordaré cómo era. Debí ser más atento… debí ser más de todo… debí… debí…

Par de nenas, pensó el suelo, ambos llorando, mojándome de esa manera. Nunca he entendido, de qué servirá. Pero bueno, mejor lágrimas que sangre. Ojalá se vayan rápido. Todo esto me incomoda; nunca sé qué hacer en éste tipo de situaciones.

Esto no fue lo que me contaron, pensó la lámpara, dónde está la sangre, dónde los gritos. Nadie nunca mencionó abrazos, ni llanto. Malditos mentirosos. Ahora entiendo por qué la otra dejó de servir.

Me han cerrado con llave para nada, pensó la puerta, si supieran cuánto duele. Algún día quisiera decirles. Pero no me atrevo. Me abren y cierran como si mi opinión no importara, aunque quizá así sea, después de todo, quién escucharía una vieja puerta como yo.

Jorge Sánchez

Ilustración: Carla O.

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