¡A escribir!

Jersey boys (persiguiendo la música) (2014), de Clint Eastwood. Por Maikel Ramírez

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Imagen tomada de la web

“solo queda una mirada
Que se pierde en el silencio
Y un adiós escrito en un papel”
(Franco de Vita y Frankie Valli: Solo palabras)

 “Todo logro humano relevante fue antes sueño
premonitorio en la mente de un ser imaginativo…”
(Eduardo Liendo: En torno al oficio de escritor)

Hará unos años atrás, cuando en un documental sobre Don quijote de la mancha,  advertí un hecho tan curioso como singular: en opinión de varios norteamericanos entrevistados, Estados Unidos encarnaría el espíritu del hidalgo ideado por Cervantes. Desde este punto de vista, allí donde algunos ven un loco luchando inútilmente contra unos molinos de viento, debido a que el nocivo influjo de las novelas de caballería lo hacen alucinar con gigantes, estos lectores norteamericanos encuentran las señales inconfundibles de voluntad y tenacidad por alcanzar una meta. Por irrazonable que nos resultase esta lectura, quienes hacen estas elucubraciones usan la historia de su nación como marco conceptual de referencia. Dicho en términos específicos, los pioneros llegaron a Norteamérica en el siglo XVIII y debieron franquear numerosas situaciones adversas para convertir a Estados Unidos en la potencia mundial actual. Este elemento cultural, argüiré,  puede ser clave para atender a un sinfín de biopics del cine norteamericano (o autobiografías como Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett) y, antes,  para entender Jersey boys (persiguiendo la música),  la más reciente obra fílmica de Clint Eastwood.

Nos encontramos en New Jersey, 1951, cuando Tommy de Vito (Vincent Piazza) ve a la cámara y empieza a contarnos sobre su banda musical y sobre Frankie Valli (John Lloyd Young), joven que ayuda a su papá en la barbería y cuya voz providencial lo ha convertido en el protegido del gánster Gyp Decarlo (Christopher Walken). Pero estos chicos se meterán en problemas al intentar robarse una caja fuerte, lo que conducirá a Tommy a la cárcel. Tras cumplir su condena, Tommy reagrupará a los miembros de la banda e incluirá a Frankie. Más tarde se unirá a la banda el compositor y pianista Bob. Ahora conocidos como The Four Seasons, la banda comenzará a lograr sus primeros hits en la radio y se convertirá en una de las bandas musicales más populares de su tiempo. El declive llegará más adelante por acumulación de deudas  y el incumplimiento de los pagos de impuestos por parte de Tommy. Por último, empero, la banda obtendrá su lugar en el Salón de la fama del rock & roll.

Este filme sobre la popular banda musical The Four Seasons apunta en tres direcciones que merecen nuestra atención. Primero, se ambienta durante un periodo relativamente cercano a la culminación de la segunda guerra mundial. Así que Estados Unidos, como Europa, se encuentra en el trámite de su desarrollo económico y la superación de los traumas de postguerra. Norteamérica, asimismo, se consolidad como la tierra de las oportunidades para los emigrantes; segundo, varios de los integrantes del grupo llevan una vida delincuencial y hasta cumplen condenas en la prisión, pues su entorno es dominado por las mafias del crimen y el contrabando. Con respecto a esto, podemos hacernos una idea más clara si prestamos oído a estas palabras del crítico de cine Arturo Serrano a propósito de los años de juventud de Martin Scorsese, quien, como se sabe, desciende de inmigrantes italianos: “En cierto sentido, los mafiosos eran los más respetados en el vecindario”; tercero, el grupo se disuelve por serias deudas financieras y  los problemas personales de sus integrantes, conflictos que hacen mella en el momento más fructífero de sus carreras.

En atención a las ideas anotadas hasta acá, acordemos que este filme está resuelto a contarnos la historia de un grupo de chicos cuyos ancestros dejaron sus países de origen por un proyecto de bienestar y que encontraron en la música tanto una salvación a sus vidas de hampones como una razón de ser en el mundo, situación cuyo correlato venezolano sería El Sistema, programa para rescatar a los jóvenes de la pobreza y del peligro de las calles a través de la música. Y si tras apreciar la desaparición de la banda, aún dudamos de la persistencia de la narrativa cultural de la superación de escollos en la vida, fijémonos que el filme culmina con dos segmentos que nos apoyan: la inmortalidad alcanzada por medio de la inducción al Salón de la fama del rock & roll en 1990, y, por otro lado, el ambiente festivo cuando todos los personajes del filme ejecutan una coreografía con las canciones  escuchadas a lo largo del filme, lo cual, suponemos, es un reconocimiento al musical original que sirvió de fuente para el guión de la pieza fílmica.

A grandes rasgos, puede señalarse que Eastwood mantiene una tensión constante entre la narrativa cultural del éxito alcanzado desde un punto cero, la superación de quien ha caído en desgracia[1] y los códigos propios de la comunidad italiana o, para precisarlo más, la gansteril (cuidar de la familia, empeñar la palabra, ser un chico de Jersey, hacer negocios). De hecho, casi todos los conflictos van a derivar de estas combinaciones contrapuestas. Para complementar estos aspectos temáticos, debemos reparar en los ambientes sombríos de filme noir que sirven de telón de fondo para las situaciones ocurridas en la comunidad italiana, ambiente, cabe acotar, íntimo y reducido si se compara con los planos generales cuando los personajes transitan por otros predios.

Jersey boys trata, de seguro,  sobre The Four Seasons, pero sobre todo se centra en su vocalista Frankie Valli. Las técnicas empleadas para construir este personaje son la demostración (showing) y el decir (telling). En cuanto a este último, notemos que, en contraste con sus amigos, Valli nunca le habla directamente a la cámara antes del segmento de la inducción al Salón de la fama del rock & roll, por eso es inevitable recordar acá a El ciudadano Kane, de Orson Welles,  filme en el que la gente cercana a Charles Foster Kane (Orson Welles) da cuenta de este personajes durante diversas entrevistas, pero él nunca se refiere a sí mismo en condiciones similares. En fin, todo lo que sabemos sobre Valli nos llega a través de sus actos y de cómo la gente cercana a él lo percibe. Es posible que este recurso sea fijado por las características del personaje, quien desde el inicio se presenta como un muchacho ingenuo, tímido y de poca experiencia para los asuntos más mundanos.

Quizá Jersey boys no emule la intensidad dramática de otros filmes que integran la memorable filmografía de Clint Easwood, entre ellos Bird, Río místico, El Imperdonable, El Sustituto y Golpes del destino, pero no vacila en construir imágenes vigorosas y envolventes que equivalen al aserto que se le ha atribuido a Beethoven: “la música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía”.

[1]En su libro The political mind, el lingüista cognitivista George Lakoff explica en detalle las narrativas culturales Rags to Riches y Reinvention of the Self, indispensables en la cultura norteamericana. Y mucho antes que el catedrático de Berkeley, en El laberinto de la soledad, Octavio Paz revelaba lo siguiente acerca de los norteamericanos: “En algunos casos-por ejemplo, ante la muerte- no sólo no quieren conocerla sino que visiblemente evitan su idea. Conocí algunas señoras ancianas que todavía tenían ilusiones y que hacían planes para el futuro, como si éste fuera inagotable”

[1]En su libro The political mind, el lingüista cognitivista George Lakoff explica en detalle las narrativas culturales Rags to Riches y Reinvention of the Self, indispensables en la cultura norteamericana. Y mucho antes que el catedrático de Berkeley, en El laberinto de la soledad, Octavio Paz revelaba lo siguiente acerca de los norteamericanos: “En algunos casos-por ejemplo, ante la muerte- no sólo no quieren conocerla sino que visiblemente evitan su idea. Conocí algunas señoras ancianas que todavía tenían ilusiones y que hacían planes para el futuro, como si éste fuera inagotable”

Maikel Ramírez

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