Pluma creativa

H.R. Giger: una despedida al maestro del arte alienígena, por Maikel Ramírez

f0e58f6c748e75fd751f9dd18d14a716

“Tenemos por huesos pequeñas agujas pixeladas”

(Oriette D’Angelo)

                El científico norteamericano Ray Kurzeil, prominente investigador en el campo de la inteligencia artificial, ha demostrado que el saber científico y tecnológico experimenta un crecimiento exponencial y que, por consiguiente,  podremos anticiparnos cinco veces a los cambios que ocuparon el siglo XX. Me figuro que mi generación estará de acuerdo con esta tesis, pues parte de lo que conocimos como ciencia-ficción nos alcanzó de manera implacable con dos eventos celebrados este año. En primer lugar, el espectáculo musical del holograma de Michael Jackson, con motivo de la salida al mercado de su álbum póstumo Xcape, situación que evoca los hologramas publicitarios de Volver al futuro II, de Robert Zemeckis, y al personaje Douglas Quaid, cuando trata de escapar en uno de los segmentos de Total recall, de Paul Verhoeven; en segundo lugar,  el empleo del exoesqueleto durante la inauguración del mundial de fútbol Brasil 2014, aparato creado por el neurocientífico Miguel Nicolelis para el uso de personas con problemas de paraplejia, artefacto que se sitúa a la par de las partes corporales de Robocop, de Paul Verhoeven. Sin embargo, no todo es ganancia, como lo representa la desaparición física del artista suizo H. R. Giger, uno de los creadores más originales e influyentes que haya existido. Estos apuntes nos servirán para celebrar, sobre todo,  su aporte al cine y a la música. Aunque, he de acotar, esto apenas es un esbozo, si tenemos en cuenta el cuantioso número de filmes y artistas con los que Giger colaboró.

            Recomendado por el mismísimo Salvador Dalí, en 1973, Giger se uniría a Alejandro Jorodowsky en su fracasado proyecto de llevar la obra célebre de Frank Herbert, Dune, al cine. Tras esto, el guionista Dan O’ Bannon, excolaborador de Jorodowsky, recordaría la buena impresión que le causó el trabajo de Giger, por lo que propuso su nombre ante el director Ridley Scott, quien para entonces ponía en marcha su nueva producción Alien, el octavo pasajero, y quien de inmediato vislumbró el genio del artista suizo. En 1980, Giger obtuvo el premio Oscar por el diseño escénico que confeccionó para este filme de culto de la ciencia-ficción. Con todo, la grandeza artística de Giger estriba, a mi juicio, en configurar la figura prototípica del alienígena infernal, imagen que aún no parece haber sido superada por ninguna otra. Acordemos, para irnos entendiendo, que Alien no solo es un filme de ciencia-ficción, sino una de las mejores obras de terror que se hayan realizado hasta ahora.

            El monstruo que acaba con la vida de los compañeros de Ripley (Sigourney Weaver) surgió del cuadro de Giger, Necronom IV. Hablamos acá de un organismo indestructible (tiene ácido en lugar de la sangre), que crece aceleradamente, ágil para moverse en la sombra, curtido por una piel que se camufla con el acero de la nave, de sexualidad ambigua y fertilidad abrumadora. Quizá lo más escalofriante que ofrece este alienígena es su capacidad para crecer dentro del cuerpo de los humanos. En una memorable secuencia, Kane (John Hurt) camina por un salón cubierto de huevos de gran tamaño y observa dentro de uno que se acaba de abrir. Enseguida, una deforme masa de carne con tentáculos se lanza sobre su rostro. Al cabo de un rato, una vez le remueven el casco, vemos una horripilante y asquerosa criatura adherida a su cara, que no puede ser apartada, pues desprende un líquido corrosivo. Más adelante, la criatura se alejará por sí sola, pero habrá dejado un monstruo en gestación dentro del cuerpo del hombre, lo cual, si lo consideramos de acuerdo a nuestros marcos de referencia, sería una suerte de violación oral. En consonancia con esto, la violenta escena del surgimiento del alien del abdomen de Kane se nos puede antojar una metáfora surreal del acto del parto. Como sea, es claro que el arte de Giger contiene el erotismo y lo otredad suficiente para convertir al filme de Scott en una genuina pesadilla.

            A propósito del erotismo, lo cual querría enlazar con la música, el micrófono de mujer de cuerpo biomecánico que Giger diseñó para la banda Korn, a pedido del vocalista Jonathan Davis, es una creación que, como tantas otras, le granjeó el santuario de los amantes del rock,  público para el que el artista suizo es un verdadero Dios de la creación. Se puede entender esta afinidad en la medida en que observamos que el estilo de Giger transita esa región oscura tan particular de la música rock en cualquiera de sus subgéneros.

            Hacia la década del sesenta, Manfred Clynes y Nathan Kline proponían la alteración del cuerpo humano para la llevar a cabo la exploración de ambientes extraterrestres. La obra de Giger manifiesta ese claro propósito de mezclar el cuerpo humano con la máquina y, aún así, expresar un eros pujante en esa nueva formación humana. Como ha ocurrido en los últimos tres años con el fallecimiento de un grupo de escritores de culto de la ciencia-ficción, entre ellos Frederik Pohl, Richard Matheson y Ray Bradbury, la partida de Giger nos devuelve a la penosa situación de ver  materializado del imaginario que esos autores configuraron a través de su obra justo cuando nos toca despedirlos de este mundo.

Maikel Ramírez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s