Sorbo de letras

Maneras de irse (2014), de Ricardo Ramírez Requena. Por Maikel Ramírez

maneras-de-irse
“He dicho adiós tantas veces y para nada
Aquí sigo anclada al fondo”
(Wendy Guerra: Todos se van)
“Rubén López
No cabía por el zaguán
Era una muerte muy grande
En la que viajaba”
(Alberto Hernández: Rubén)

Acostumbramos a representar  tanto a la vida como a la muerte, nos hacen notar los teóricos de la metáfora conceptual, como un viaje que emprendemos. Por lo que respecta a la literatura, el caso más paradigmático proviene de Dante, cuando anota en La divina comedia: “mezzo del cammin di nostra vita” (a mitad del camino de nuestra vida). Dos recientes publicaciones venezolanas, a su guisa, basan sus propuestas estéticas en esta conceptualización. La primera de ellas, Contigo en la distancia, última novela de Eduardo Liendo, nos instala en la travesía que el niño Elmer emprende por Caracas. El viaje funciona acá para contemplar con nostalgia las diferentes etapas de la vida en tanto la muerte se aproxima; la segunda, y la que nos concierne en esta reseña, Maneras de irse, primer poemario del escritor venezolano Ricardo Ramírez Requena, publicado por Ígneo, ambiciona configurarse desde las diversas formas en que los seres humanos se alejan.

Maneras de irse se constituye de treinta y dos piezas poéticas, repartidas, a su vez, entre cuatro secciones. Mejor, cuatro variantes del viaje, tituladas Movimientos, Diásporas, Postales, y Adendas, respectivamente.  Por añadidura, su portada anticipa el eje temático del libro, ya que, a fin de cuentas, qué elemento cultural puede simbolizar el viaje mejor que un ave, bien sea para representar el escape hacia la libertad o un peregrinaje a tierras lejanas en busca de mejores condiciones para la existencia. Por extensión metonímica, igualmente, bastan unas alas para representar el tránsito que los seres humanos siguen en su viaje a la muerte.

 Vida y muerte, o, para ser exactos en esta parte, muerte y vida, se plasman con nitidez al inicio y al final del poemario. Desde este ángulo, observamos que mientras Trinchera irrumpe con ferocidad y nos arroja a un mundo implacable, de sufrimiento y de muerte: “Y mientras me quebraban los dientes/ las Furias se mofaron”, Duermevelas conserva el signo de lo redentor, encapsulado en esta preciosa imagen: “Para cuando venga, cielo mío, si ha de venir/ seremos un solo abrigo”. Podríamos rastrear aquí un paso de lo externo hacia lo íntimo, lo cual, no es aventurado pensar,  se asocia con las categorías exilio e insilio, dos vertientes de las formas de irse. Adhiriéndonos a esta idea, detengámonos en versos como: “Me habitan las ciudades o solamente se recorren?” y “Hay una serenidad que otorga la amargura”, en los que el sujeto poético se distancia, bien desde un exterior, o bien refugiándose en su introspección.

En La anatomía de la influencia: la literatura como una forma de vida, libro que retoma el tema del influjo en la literatura iniciado en La ansiedad de la influencia, Harold Bloom escribe que lo que cuenta en la interpretación es revisar la relación entre poemas, manifestada en los tropos, la métrica, imágenes, sintaxis y otros elementos más. En un orden de ideas complementario, en El último lector, Ricardo Piglia señala que leer estriba en hacer ver nuevas conexiones. Digamos, a la luz de estos textos referenciales, que el libro de Ramírez Requena convoca influencias, como la del escritor norteamericano Robert Frost, pero con la marca de una reescritura, lo que equivale a decir, estirando las posibilidades del hipotexto o texto fuente. Así, si el sujeto poético de The road not taken acusa un camino no transitado, la pieza Calle sin final, en cambio, explora una sola vía disponible. En síntesis, en ambos casos se trata de una opción perdida.

Tal es el proyecto que resumen las piezas contenidas en Maneras de irse, un libro que depara una geografía que abarca desde el mundo externo hasta el espacio íntimo, que, en fin,  conjuga vida y muerte, reflejado en grado sumo en este verso del poema que da nombre al libro: “tanto apuro y nadie quiere irse, dice”

Maikel Ramírez

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